—¡Brigitte! —gimo involuntariamente cuando llega a mis pectorales y aprieta mis pezones, mientras su boca va dejando unos cuantos besos en mi espalda, cierro los ojos y trato de controlarme, sin embargo, cuando su mano se aventura más abajo de mi cintura acariciando mi miembro sobre la tela de la toalla, mi respiración se acelera—. ¡Por favor, Brigitte! —murmuro y no sé si le estoy pidiendo que pare o bien que continúe con su labor.
—¿Quieres que me detenga Caleb?
—Y-yo q-quiero que… no te detengas —respondo con sinceridad, me giro y cargo a Brigitte para llevarla hasta mi habitación, donde la deposito con mucho cuidado sobre mi cama.
—¡Caleb! —gime cuando mis manos comienzan a recorrer toda su pequeña anatomía.
—¿Estás segura de esto, Brigitte? Una vez que comience no hay vuelta atrás —le informo y aunque la razón me grita que me aparte de ella, mi cuerpo arde en deseos por fundirme dentro de su dulce calor, ante lo cual temo por su respuesta, sin embargo, cuando veo como asiente ligeramente mi corazón se acelera.
Con mis dedos acaricio delicadamente sus labios hasta llegar a su cuello y descender por su clavícula, me acero a ella para darle un corto beso, pero la chiquilla me sorprende al aferrar sus brazos en mi cuello y profundizar nuestro beso hasta que ambos nos quedamos sin oxígeno.
Le doy un último beso para después tomar sus dos manos y ponerlas encima de su cabeza, mientras con mi otra mano subo delicadamente su sujetador deportivo dejando al descubierto sus tiernos senos.
—¡No! ¿Qué haces? —se queja cuando tapo sus ojos con su propia prenda.
—Cobrándome lo de la última vez, pequeña Brigitte —susurro apoderándome de su pezón, el cual muerdo ligeramente para después succionar un poco y cuando por fin se levanta orgulloso, prosigo a realizar lo mismo con el otro.
Comienzo a dejar un rastro de besos desde sus senos hasta llegar a su ombligo, suelto sus manos y antes de que ella pueda hacer algún movimiento la amenazo.
—Si te mueves, te juro que no te tocaré, así me lo supliques Brigitte, ¿entendiste?
—Pero…
—Pero nada, Brigitte, ¿te quedarás quieta?
—Sí, no me moveré —refunfuña haciendo un pequeño mohín.
Bajo de la cama y comienzo a desatar sus zapatillas deportivas, se las retiro junto con sus calcetines dejando desnudos sus pequeños pies, me levanto y observo cada parte de su cuerpo saboreando el momento en que por fin la haga mía.
—¿Q-qué haces Caleb? —balbucea con la respiración agitada.
—No te desesperes, pequeña Brigitte.
—No me digas pequeña Brigitte, no me gusta.
—Está bien chiquilla como tú digas —escucho como lanza un bufido y hasta esa acción me parece dulce viniendo de sus labios.
Subo a la cama y deslizo su pantalón deportivo, dejándola totalmente desnuda y a mi merced.
—¿Con qué te gusta ejercitarte sin ropa interior Brigitte? ¿Me pregunto si así te has estado presentando todos estos días en la oficina? —Observo como se remueve sobre la cama, pero no me desmiente en ningún momento—. Ahora que lo pienso, en realidad no tenías intención de ejercitarte, por lo menos no de la forma tradicional.
—¡Caleb! —me suplica con un leve quejido, sonrío y cuando abro el cajón de la mesilla de noche sus palabras me dejan con el brazo suspendido—. Quiero sentirte al natural, solo por esta ocasión, ¡por favor! —me suplica.
—Bien, solo por esta ocasión. —Regreso a mi posición anterior, vuelvo a sujetar sus manos y hundo mi nariz en el hueco de su cuello, donde dejo unos cuantos besos—. Serás mi perdición Brigitte.
La beso acallando cualquier queja por su parte, bajo mi mano libre y cuando llego a su dulce intimidad siento como da un pequeño brinco, con mucha delicadeza comienzo a trazar círculos en su pequeño botón.
—Dime Brigitte, ¿a cuántos hombres les has hecho lo mismo que a mí con esta linda boquita? —pregunto molesto al imaginarla con otros hombres.
—N-no te pienso contestar.
—¿Estás segura? —insisto dejando una pequeña mordida en su cuello.
—Sí, y-yo no te he preguntado con cuantas mujeres has estado, así que… —gime alto cuando mis dedos comienzan a torturarla a mayor velocidad que hace un rato.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Relatos cortos