Entrar Via

Relatos cortos romance Capítulo 16

—Sí, Brigitte, solo un poco estresado por algunos casos —le miento al tiempo que me alejo discretamente de su toque, por suerte las puertas se abren y llegamos al subterráneo, me apresuro a mi auto y le abro la puerta para que suba.

—Gracias en verdad no era necesario, podría haber tomado un taxi —comenta en cuanto subo a mi lado y coloco mi cinturón.

—¿Y dejar que tu padre me reproche por ser tan desconsiderado y dejarte ir en taxi a estas horas de la noche? —inquiero al imaginar las palabras de Thomas.

—Pero no fue su culpa.

—Aun así, no me sentiré bien si te dejo marchar sola a estas horas. —Enciendo el auto y me centro en ese camino que ya conozco, después de al menos cuarenta minutos llegamos a su casa.

—¡Hasta mañana Brigitte! Y por favor no te vuelvas a quedar tan tarde, no me gusta que ninguno de mis empleados salga más tarde de lo necesario.

—Gracias por traerme, señor Davies. —Desabrocha su cinturón y sin esperarlo se acerca a mi rostro, posa sus pequeñas manos en mis mejillas y me besa con determinación, abro mi boca por la sorpresa, ante lo cual aprovecha y su lengua juguetea con la mía, la tomo del cuello para profundizar más nuestro beso y por Dios que está chiquilla besa como los mismísimos ángeles, de un momento a otro la cargo para sentarla sobre mi regazo olvidándome por completo de que nos encontramos frente a su casa, pero cuando su trasero acciona la bocina vuelvo a mis sentidos y me separo de ella.

—Esto no está bien Brigitte, por favor que no se repita —le digo en cuanto la ayudo a regresar a su asiento, ella me lanza una última mirada con sus ojos cristalinos y me arrepiento por hacerla llorar, pero ante todo está mi amistad para con Thomas, la veo hasta que entra a su casa y dejo caer mi cabeza contra el timón.

Al día siguiente llego a la oficina antes de que lo haga Brigitte, me encierro y comienzo a trabajar en todos los pendientes que tengo, después de un rato llaman a mi puerta, en cuanto mis ojos se cruzan con los de mi pequeña asistente me maldigo, ya que al parecer paso la noche llorando y sus hermosos ojos se ven un poco rojos e hinchados y sin el brillo característico que poseen.

—Solo pasaba para ver si, se le ofrece algo, señor Davies —comenta con su voz un poco ronca.

—Por ahora no Brigitte, gracias. Aunque más tarde deseo que te reúnas conmigo y revisemos los pendientes que tenemos.

—Entonces más tarde regreso. —Cierra la puerta y continúo con mi trabajo, por al menos otras dos horas, hasta que mi asistente regresa con unas cuantas carpetas y comenzamos a trabajar casi en silencio.

—Mañana me acompañarás al juzgado, es la mejor forma en que puedes aprender, ya puedes tomar tu hora de comida Brigitte. —Me levanto de mi asiento para tomar mi chaqueta y salir cuanto antes de la oficina, sin embargo, la chiquilla se para frente a mí y me mira un tanto molesta.

—Necesito que hablemos sobre lo que ocurrió ayer.

—No hay nada que decir Brigitte, eso fue un error de mi parte el cual no se repetirá.

—Pues yo no estoy de acuerdo, sé perfectamente que también lo deseabas Caleb. —Se acerca a mí y pasa sus manos por mis hombros, provocando un pequeño hormigueo por todo mi cuerpo—. Me he dado cuenta de cómo me miras cuando crees que no te observo, es la misma mirada de un depredador para con su presa —Se para de puntitas y con su lengua deja una suave caricia en mis labios—, no te resistas Caleb, ambos nos deseamos más de lo que podemos admitir.

La tomo de la cintura y la llevo hasta mi escritorio donde la siento y me hago espacio entre sus piernas, beso sus labios, para después llegar hasta su mandíbula y descender por el largo de su cuello, aspirando su agradable aroma, mientras sus manos se abren paso hasta mi camisa la cual comienza a desabotonar y cuando sus delicadas manos entran en contacto directo con mi piel lanzo un pequeño gruñido de placer.

Me deshago de su corsé, dejando libres sus tiernos senos y sin perder tiempo tomo uno entre mis manos, mientras saboreo el otro como uno de los frutos más deliciosos que he probado en toda mi vida.

—Eres todo un pecado Brigitte y no me importa arder en las llamas del infierno, con tal de estar así contigo lo que me resta de vida —murmuro dejando libre su seno—, tu padre es capaz de matarme si me viese aquí contigo.

—No me importa en lo más mínimo Caleb, desde hace años estoy enamorada de ti, cuando mi padre nos presentó por primera vez hace ocho años, mi corazón salto de mi pecho y supe que nunca podría volver a enamorarme de otro hombre; por eso mismo decidí irme a Nueva York, cuando me enteré de que salías con esa actriz mi corazón sufrió como nunca, pero ahora que estoy aquí no pienso perderte de nuevo —me confiesa con la respiración agitada.

Se levanta de un salto y me aleja de ella ante lo cual no puedo dejar de admirar su bella anatomía, luego se hinca y baja lentamente la bragueta de mi pantalón.

—¡¿Q-qué haces?! —inquiero al tiempo que intento levantarla.

—¿No es obvio, Caleb?, darte la mejor sesión de toda tu vida —comenta esbozando una pequeña sonrisa.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Relatos cortos