Evaldo miró a la mujer dormida en la cama del hospital. Estaba tan flaca que parecía de papel, y los labios los tenía pálidos, casi transparentes.
Hacía un rato la había cargado hasta el carro y el mayordomo de la familia García les había abierto la puerta.
Seguramente el mayordomo se asustó con la cara que traía él, tan de pocos amigos, que hasta se le olvidó preguntarle cómo había entrado.
En el anular, ese dedo frío y blanquecino, el anillo plateado le devolvía una luz tenue.
En el ático había encontrado la bolsa de Sania Belte. El celular se lo había dejado descargarse por completo de tanto marcarle.
Ni siquiera sabía cuánto tiempo la habían tenido encerrada.
¿Quién fue?
¿Alejandro García, o esa madre suya que se comportaba como madrastra?
-
A Sandro lo agarró el teléfono de su hijo apenas se había levantado.
—¿Qué pasó? ¿Tan temprano? ¿Algo urgente?
—Papá, te aviso: ahorita voy a llamar a mi suegra para mentarla y ponerla en su lugar.
Sandro se quedó sin palabras.
—¿Cómo que vas a mentarle la madre? ¿Estás mal de la cabeza? ¿Qué ganas con eso?
—¿Ella te hizo algo?
Evaldo se rio con burla.
—Se metió con Sania, eso es meterse conmigo. La gente de Alejandro dejó a Sania encerrada en un cuartito del ático un día y una noche. Papá, ¿no los puedo regañar?
Sandro se quedó callado un segundo.
—Pero… ¿ella no es la mamá de Sania?
—Ja. ¿Nunca has oído eso de que cuando hay madrastra, también hay padrastro? Bueno, al revés también aplica.
—No es por nada, nomás te aviso para que te prepares. ¡Cuelgo!
Sandro miró el celular, ya sin llamada, y se quedó pensando.
Luego le cayó el veinte: Evaldo estaba haciendo un escándalo por su esposa recién casada… así que, por lo menos, sí le importaba un poquito.
Le dijo al mayordomo:

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado