Sania colgó y fue a la oficina del director de negocios, Leandro.
Leandro la recibió sonriendo.
—Je, directora Belte, por fin. Hoy el gerente Tomás dijo que quería verla a usted.
Sania miró al hombre de mediana edad, desconocido, y asintió.
Tomás se levantó enseguida y le estrechó la mano de manera formal.
—directora Belte, soy Tomás, responsable del área administrativa de Grupo Camoso. Vine por recomendación… queremos hablar de una cooperación con su empresa.
“Por recomendación”…
¿De quién? Era obvio.
Pero Tomás no lo dijo de frente y Sania tampoco lo iba a destapar.
—Tomás, un gusto.
Tomás sonrió.
—Nuestras filiales y divisiones siempre han trabajado con otras marcas. Cuando mandamos personal a capacitación o hacemos reuniones importantes, el hospedaje lo cubre un hotel aliado. Este año queremos cambiar de hotel y probar una nueva cooperación. La gente ya se cansó de quedarse siempre en el mismo.
La excusa sonaba floja, pero Leandro lo tenía claro: si ese negocio salía, era por la relación de Sania.
Le dejó a Sania el control de la negociación.
Ella, al entrar, ya había estudiado la estructura de clientes, los precios históricos y los convenios de años anteriores.
Sania sonrió con amabilidad.
—Gracias por considerar a Luminosa. No somos un hotel de lujo exagerado, pero sí trabajamos con estándar alto, y tenemos sucursales en varias ciudades. En cuanto a tipos de habitación, podemos ofrecerles una propuesta con buena intención y precios que les convengan.
—Eso sí, mientras más años de convenio, mejor precio. ¿Cuántos años tienen en mente?
Leandro miró a Sania con satisfacción.
También había escuchado que la nueva “directora” venía de arriba. Aunque ella fuera de recursos humanos, sabía negociar y sabía estirar el plazo.


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