—¿Te quedó claro?
Julián, destrozado de dolor, con lágrimas en los ojos, asintió una y otra vez.
—Sí… sí… antes de que acabe el mes, les pago… les pago.
Cuando se fueron, Julián los miró con odio, clavándoles la vista en la espalda.
¿De dónde iba a sacar dinero antes de fin de mes?
—Sania… tú empezaste. No me culpes si yo termino peor.
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Evaldo escuchó que Julián había huido y se le frunció el entrecejo.
—Aumenten la seguridad afuera de la casa. Cuando la señora salga, cuatro escoltas con ella.
—Y revisen los carros seguido: cajuela, frenos, cualquier falla.
Después de ordenar eso, igual no se quedó tranquilo.
—Amor, Julián se fue. Me preocupa que luego quiera hacerte algo. Mejor salgamos poco esta temporada.
Sania de por sí casi no salía, y menos estando grabando el programa.
En casa estaban bastante seguros.
Salvo por la boda de Taty, a fin de mes.
—Está bien. Después de la boda, creo que ya no voy a salir.
—Ah, no… mañana creo que el programa tiene una actividad. Si no, que la hagan aquí en la casa.
Evaldo frunció el ceño. Él quería que Sania dejara de grabar, pero el programa iba a la mitad; salirse no era tan fácil.
Además, era el programa de Tatiana.
—No aquí. Al lado hay otra casa que también es mía. Que lo hagan allá.
Sania pensó, sin decirlo: tú tienes dinero, tú mandas.
—Está bien.
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