Sania, después de terminar su rutina de cuidado de la piel, volvió al dormitorio y vio a Evaldo deslizando la tablet con una sonrisa, como si estuviera enganchadísimo.
Él no era de los que se la pasaban pegados al celular; la mayoría de las noches solía leer noticias de economía o cosas por el estilo.
Sania miró de reojo la pantalla y, al ver un montón de memes y stickers, le dio curiosidad.
—¿Qué estás viendo?
—Los comentarios de la gente. Mira este, te lo leo.
[Primera vez que shipeo una pareja y resulta que sí son pareja de verdad. Soy un genio.]
[Ella se queja y él la consiente; ella se enoja y él se ríe. Y encima Evaldo es de esos jefes mandones de novela. ¿Dónde se consigue un marido así?]
[¿Se han fijado que nuestro Sr. Camoso entrena dos horas todas las mañanas? Y además es el rey de la cintura, no, no, no. Sania, ¡tú sí que estás bien servida!]
Evaldo lo leyó palabra por palabra. Sania no sabía ni dónde meterse.
—Amor, ¿tú crees que sí soy el rey de la cintura?
Sania no esperaba que estuviera leyendo esos hilos donde la gente se ponía a bromear con ellos.
A ese hombre sí que le sobraba amor propio.
Puso los ojos en blanco, se acostó y ni le respondió. Solo soltó dos palabras:
—A dormir.
Evaldo dejó la tablet, se acercó con cuidado y apoyó la mano sobre su vientre, todavía plano.
—Amor, compré un estetoscopio.
Sania no alcanzó a escucharlo; ya se estaba quedando dormida, entre sueños.
Al no recibir respuesta, él sonrió bajito.
—Buenas noches, amor… y buenas noches, bebé.
-
Julián llevaba rato merodeando afuera de la mansión.
Cuando vio a Evaldo salir en un deportivo, se le iluminaron los ojos.
—Mocosa… se casó con uno de plata y ni se acuerda de venir a ver al tío.
Escupió al suelo, soltando insultos, y se puso a tocar la puerta con insistencia.
Quien abrió fue una trabajadora del equipo del programa.

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