Entrar Via

¡Oops! Casada con el chico equivocado romance Capítulo 322

Evaldo, por miedo a que ella se pusiera de malas, le propuso:

—Si hoy no estás tan cargada en la empresa, ¿por qué no salimos a dar una vuelta? Compramos unas cositas para el bebé.

Sania se quedó sin palabras.

—¿No es demasiado pronto?

—¡Entonces te compro a ti! ¡Les compro a los dos!

Sania, sin poder hacer mucho, terminó yéndose a la fuerza con Evaldo al centro comercial.

Sania se compró varios pares de zapatos, todos de suela bajita y cómodos; ya ni pensaba en verse “bonita” con tacones. Luego pasó a ropa de mujer y se llevó unas prendas más sueltas.

Al final, Evaldo fue el que se quedó pegado en la sección de bebés, como si le hubieran puesto un imán.

Biberones, una bañerita, jabón para bebé, crema para rozaduras.

Calcetines rositas, gorrito, mantita para envolver, ropita, carriola, cuna y un montón de toallitas suaves especiales para bebé.

Obviamente no podían cargar con todo eso, así que pidió que se los mandaran a la casa.

—¡Ya, suficiente, no compres más! —Sania estaba agotada.

Evaldo sentía que ni había terminado de ver.

—Está bien, la próxima venimos otra vez.

Todo, absolutamente todo, era de tonos rosados. Evaldo ya había decidido preparar todo como si fuera niña.

A Sania le dolía la cabeza de pensarlo: si al final resultaba ser niño, el bebé iba a “ganarse” un papá que lo iba a mirar con cara de decepción.

-

Tatiana no supo hasta que llegó a casa que ese día había comida familiar. El abuelo, encima, había invitado especialmente a Teodoro.

Los dos, que ni se conocían tanto aunque fueran prometidos, apenas se hicieron un gesto con la cabeza como saludo y no volvieron a cruzar más de dos palabras.

—Teodoro, ¿han estado muy ocupados? Me contaron que te van a ascender otra vez, ¿no?

Teodoro sonrió.

—Sí, he estado con bastante trabajo. En teoría, Tatiana y yo ya deberíamos habernos tomado las fotos de la boda, pero cuando pase esta racha, vamos.

Tatiana hizo un puchero.

«¿Y quién dijo que yo quería tomarme fotos contigo?»

—No te preocupes —dijo el abuelo—. Nuestra Tatiana entiende.

Tatiana sonrió.

—Sí, sí… entiendo, entiendo.

El tono era tan poco convincente que daba risa.

Teodoro lo notó y apenas curvó los labios, tranquilo.

—¿Y Marco? ¿Por qué no lo he visto hoy? —Teodoro, muy suelto, cambió de tema.

Apenas mencionaron a su hijo, a Pascual le empezó a doler la cabeza.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado