Sania no dejaba de repasar en su mente en qué momento se había equivocado.
¿Cómo pudo confundirse?
Y lo peor: ¡ya se había casado con este heredero de la familia Camoso!
Sania respiró hondo y habló con calma.
—Gracias, Sr. Camoso.
Evaldo sonrió, con intención.
—No es nada.
Luego miró a Alejandro.
—Sr. García, ¿esto es una reunión familiar?
—Je… algo así —Alejandro no quería decir tan claro lo de la alianza con los Lenso. Sonaba a “vender a la hija”.
Y, además, esa hija ni siquiera era suya: era de su esposa con el ex.
Evaldo entendió que no querían hablar.
—Está bien. Tengo una comida. Me adelanto.
Pero al irse, sus ojos negros se quedaron en Sania un segundo de más.
Cuando se alejó, Alejandro murmuró:
—¿No se les hace que hoy ese tal Camoso estuvo… amable?
Antes, en eventos, ni de broma lo llamaba “Sr. García”.
Yuria lo apuró.
—Ya, ya. Vámonos. Los Lenso deben estar esperando.
Yuria y Sania entraron al salón. Por suerte, el hijo de los Lenso no había llegado.
Petra sonrió.
—Perdón, Yuria. Mi hijo hoy no pudo venir, pero su papá y yo sí. Que él no esté da igual.
—¿Ella es Sani? Qué bonita.
Petra quedó encantada. Con el tipo de hijo que tenía, con que se casara con una chica “bien” ya era ganancia. Y además Sania era hija de Yuria.
Aunque fuera del primer matrimonio, al menos se podía colgar un poquito del apellido García.
Alejandro se puso a platicar con Sergio Lenso, puro saludo y cortesía.
Sania estuvo todo el rato ida.
Y entonces se le iluminó el celular: un mensaje de Evaldo.
[ Perdón. Cuando termine esto, ¿hablamos? ]
Sania bajó la mirada, mordiéndose el labio.
[ Sí. ]


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