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La novia Rechazada romance Capítulo 95

El estruendo de los disparos se intensificó, seguido por gritos de dolor y órdenes gritadas en vano. El caos se extendió por el complejo como una tormenta descontrolada, y Aslin sintió su pulso acelerarse. Sus ataduras la mantenían en su lugar, pero la confusión a su alrededor era su única oportunidad.

El doctor frunció el ceño y se alejó un paso, como si calculara si valía la pena continuar o si era más prudente retirarse. Los guardias intercambiaron miradas tensas. Uno de ellos se acercó a la puerta con el arma en alto, preparándose para cualquier amenaza. Fue en ese momento cuando la explosión sacudió el edificio.

El impacto hizo temblar las paredes y lanzó escombros al suelo. Una bocanada de humo y polvo llenó la habitación, cegando momentáneamente a todos. Aprovechando la distracción, Aslin se impulsó con todas sus fuerzas y tiró de las cadenas. El metal crujió contra la tubería a la que estaba sujeta, y la presión terminó por soltar el anclaje. Cayó de rodillas, con las muñecas adoloridas y la respiración entrecortada.

El doctor reaccionó al instante.

—¡Deténganla! —gritó.

Los guardias se giraron hacia ella, pero Aslin ya se movía. Con el cuerpo entumecido, se tambaleó hacia la puerta abierta y se lanzó al pasillo. Los sonidos de la batalla seguían rugiendo a su alrededor, pero no se detuvo a pensar en lo que ocurría. Solo corrió.

El aire olía a pólvora y sangre. Pasó cuerpos en el suelo, algunos con las ropas empapadas en rojo. No reconocía las caras, pero tampoco tenía tiempo para detenerse. El eco de pasos detrás de ella le indicó que la perseguían. Su única opción era seguir adelante.

Las alarmas sonaban estridentes mientras giraba por un pasillo estrecho y encontraba una puerta entreabierta que daba al exterior. Más allá, la tormenta rugía sobre la montaña, los árboles agitándose con violencia bajo el cielo nocturno. No lo pensó dos veces. Se lanzó fuera del edificio y sus pies tocaron tierra mojada.

El aire frío le golpeó el rostro. El bosque se extendía frente a ella, oscuro y amenazante, pero su única salida. Se internó entre los árboles, el barro pegándose a sus pies descalzos mientras su respiración se volvía errática. Los truenos retumbaban en la distancia, acompañados por los gritos y disparos que aún resonaban en el complejo.

No sabía cuánto tiempo corrió. El dolor en sus costillas y el peso de su vientre la obligaron a disminuir la velocidad. Su cuerpo estaba al límite, pero el miedo la empujaba a seguir.

Entonces los escuchó.

—¡Por aquí! ¡Debe estar cerca! —La voz de un guardia cortó el silencio de la lluvia.

Se agazapó tras un tronco caído, cubriéndose la boca para ahogar su respiración agitada. Las luces de las linternas barrían el bosque, buscando cualquier señal de su escape. Si la encontraban, todo habría sido en vano.

Se arrastró en la oscuridad, sintiendo cada rama romperse bajo sus manos temblorosas. Sus ojos buscaron desesperadamente un refugio, algún sitio donde esconderse. Fue entonces cuando la vio: la entrada oscura de una cueva, oculta entre la maleza y la roca húmeda.

No tenía opción. Con las últimas fuerzas que le quedaban, se arrastró dentro, sintiendo la piedra fría contra su piel. La oscuridad la envolvió, y se presionó contra la pared, rogando que no la vieran.

Los pasos se acercaron. Las luces pasaron de largo, iluminando el suelo embarrado.

—¡Revisen bien! No pudo haber llegado lejos.

Aslin contuvo la respiración.

Los pasos vacilaron, pero al final, se alejaron. Se quedó en la oscuridad, temblando, con el corazón martillándole el pecho.

Capítulo 95- Sombras en la montaña 1

Capítulo 95- Sombras en la montaña 2

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