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La novia Rechazada romance Capítulo 96

El aire en la cueva se tornó más denso, como si la oscuridad misma estuviera reteniendo el aliento. Aslin permaneció inmóvil, su cuerpo aún temblando por el esfuerzo y el frío. Su instinto le gritaba que retrocediera, que buscara otro camino, pero su razón le decía que afuera la esperaban hombres que no dudarían en llevarla de vuelta a ese infierno.

Con los ojos bien abiertos en la penumbra, trató de distinguir más detalles de la cueva. Se agachó y deslizó la mano por el suelo húmedo, sintiendo el contorno de los huesos. Eran frágiles, secos, demasiado pequeños para ser humanos. Animales, probablemente. Pero las marcas en la piedra… esas eran distintas.

Se obligó a respirar lento, a no dejarse llevar por el pánico. Si alguien había estado aquí antes, tal vez esa persona había encontrado una salida. Y ella tenía que hacer lo mismo.

Avanzó con cautela, dejando que sus dedos recorrieran la pared de roca en busca de alguna grieta, algún indicio de un túnel más profundo o un resquicio de luz que le indicara una salida. Cada paso la hacía más consciente del eco de su propia respiración y del sonido lejano del agua goteando en la oscuridad.

Entonces, lo escuchó.

Un susurro.

Se detuvo de golpe, su corazón latiendo con fuerza en sus oídos. Se obligó a contener el aliento, a afinar el oído. No eran los guardias. No era el viento. Era algo más… algo dentro de la cueva.

Un crujido sutil, como si algo o alguien se moviera entre las sombras.

Aslin tragó saliva y, sin hacer ruido, dio un paso atrás.

Pero antes de que pudiera reaccionar, sintió el roce de una tela contra su brazo.

El pánico se apoderó de ella. Giró sobre sus talones, dispuesta a correr, pero una mano se cerró sobre su muñeca, deteniéndola en seco.

—No grites —susurró una voz áspera en la oscuridad.

Aslin sintió un escalofrío recorrerle la columna. No podía ver su rostro, solo la silueta de una figura encorvada a su lado. El agarre en su muñeca no era violento, pero sí firme.

—¿Quién eres? —susurró ella, intentando controlar el temblor en su voz.

El extraño tardó un momento en responder. Luego, con un tono bajo y grave, dijo:

—Alguien que también quiere salir de aquí.

Aslin contuvo la respiración. La silueta ante ella era poco más que una sombra en la penumbra, pero la firmeza de su agarre la mantenía en el presente.

—¿Cómo sé que no eres uno de ellos? —preguntó, con la voz apenas un susurro.

—Porque si lo fuera, ya estarías de vuelta con ellos —respondió el extraño.

Su tono era seco, pero no amenazante. Aslin se obligó a calmarse. No tenía muchas opciones y, si esa persona también estaba huyendo, tal vez pudiera ayudarla.

Capítulo 96- El subterráneo 1

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