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La novia Rechazada romance Capítulo 104

POV : Tercera persona

La mansión estaba en completo silencio cuando Carttal regresó a la habitación. Aslin lo observó desde la cama, su vientre prominente apenas cubierto por una manta ligera. Aunque su expresión era serena, su mirada estaba llena de preguntas.

—¿Qué pasó? —preguntó en cuanto él cruzó la puerta.

Carttal pasó una mano por su cabello, visiblemente tenso.

—Ethan encontró algo —dijo con voz grave.

Aslin se incorporó lentamente, sintiendo el peso de su cuerpo mientras intentaba sentarse mejor.

—¿Algo? ¿Qué significa eso?

Carttal sacó un sobre del bolsillo de su chaqueta y lo dejó sobre la cama. Aslin lo miró fijamente antes de tomarlo. El papel era grueso, con un ligero aroma a tinta fresca. Con un nudo en la garganta, lo abrió y sacó una simple nota.

"El linaje no se puede borrar. Nos vemos pronto."

El aire en la habitación se volvió pesado. Aslin sintió cómo su corazón comenzaba a latir con fuerza mientras releía esas palabras una y otra vez.

—No tiene remitente… —murmuró, sintiendo que el papel le quemaba los dedos.

—Porque no necesitan ponerlo —dijo Carttal con el ceño fruncido—. Saben que entenderíamos el mensaje.

Aslin tragó saliva.

—¿Cómo llegó esto aquí?

Carttal tomó asiento en el borde de la cama, frotándose la frente con frustración.

—Kael lo encontró esta mañana en la entrada de la propiedad. Dentro del perímetro de seguridad.

Aslin sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Están aquí?

—Si lo estuvieran, ya habrían hecho su movimiento —dijo Carttal, pero su voz sonaba más para convencerse a sí mismo que a ella—. Pero están jugando con nosotros.

Aslin apretó la nota con los dedos.

—Están dejando claro que saben más de lo que pensamos.

Carttal asintió con gravedad.

—Y eso es lo que me preocupa.

Los días siguientes, el ambiente en la mansión se tornó cada vez más tenso. Carttal reforzó la seguridad, revisó cada rincón del perímetro y ordenó a sus hombres patrullar con más frecuencia. Pero los Lisboa no atacaban. Solo dejaban rastros de su presencia.

El segundo mensaje llegó tres días después. Esta vez, no era una nota.

Era una fotografía.

Ethan la encontró por la mañana, tirada en la puerta trasera de la mansión. En la imagen, una niña pequeña de cabello castaño oscuro y ojos grandes sonreía, sosteniendo una muñeca de trapo.

—Eres tú —susurró Carttal cuando Aslin la sostuvo entre sus dedos.

Aslin sintió un temblor recorrer su cuerpo.

—¿Cómo consiguieron esto? —su voz apenas fue un murmullo.

Carttal tomó la foto y la miró con detenimiento.

—No sé, pero lo hicieron a propósito.

Aslin se abrazó a sí misma.

—Están jugando con nosotros. Quieren que nos sintamos expuestos, inseguros.

Carttal apretó la mandíbula.

—Y está funcionando.

Pero lo peor aún estaba por llegar.

Cinco días después del primer mensaje, la seguridad de la mansión tuvo su primer fallo.

Fue algo sutil, apenas perceptible.

Kael fue el primero en notarlo cuando revisaba las cámaras de vigilancia. Una de ellas, la que apuntaba a la entrada principal, se había apagado durante exactamente dos minutos en la madrugada. No había fallas eléctricas, no había indicios de sabotaje visible.

Solo… había dejado de funcionar.

—Esto no fue un error —dijo Kael, con el rostro serio—. Fue un aviso.

Carttal se cruzó de brazos.

—Nos están advirtiendo que pueden entrar cuando quieran.

—¿Qué hacemos? —preguntó Ethan.

Carttal exhaló lentamente.

—Nos preparamos para lo inevitable.

Esa noche, Aslin apenas pudo dormir.

Se quedó en la cama, sintiendo el peso de la incertidumbre aplastándola. El bebé se movía en su vientre, como si también sintiera la tensión en el aire.

Carttal estaba acostado a su lado, pero su respiración no era la de alguien dormido.

—No has cerrado los ojos en toda la noche —murmuró ella.

Carttal giró el rostro hacia ella, su mirada oscura llena de pensamientos que no compartía en voz alta.

—Tú tampoco.

Aslin tragó saliva.

—Tengo miedo.

Carttal deslizó una mano por su mejilla.

—No dejaré que te hagan daño.

Ella cerró los ojos un momento, disfrutando su tacto antes de susurrar:

—Y si ya saben dónde estamos… ¿qué hacemos?

Carttal no respondió de inmediato.

Porque ambos sabían la respuesta.

Solo había dos opciones: pelear o huir.

Y ninguna garantizaba que saldrían ilesos.

La mañana siguiente trajo consigo una última advertencia.

Esta vez, no fue una nota ni una foto.

Fue una marca.

Capítulo 104- Nacimiento 1

Capítulo 104- Nacimiento 2

Capítulo 104- Nacimiento 3

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