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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 31

César levantó la vista y lo fulminó con la mirada. A Luis se le encogió el corazón.

—¿Tú eres mi asistente o mi madre?

Luis cerró la boca de inmediato.

Al llegar a la habitación del hotel, Eliana se metió bajo la ducha y, mientras el agua caliente le golpeaba los hombros, se dio cuenta de que no había dejado de temblar.

Apoyó la frente contra los azulejos fríos, tomó una profunda bocanada de aire y se obligó a calmarse.

El celular vibró. Era un mensaje de Manuel.

[Manuel: Eliana, de la misma marca donde compramos las perlas la última vez, pedí un juego nuevo de zafiros para ti. Te lo pondré yo mismo en cuanto regreses.]

Ella dejó el teléfono boca abajo sobre el lavabo del baño.

Mientras tanto, en Valdemar, en la mansión de la familia Guerrero.

La noche había caído pesadamente, y don Octavio estaba sentado en su estudio.

El mayordomo le entregó un archivo y habló en voz baja: —Don Octavio, esto es lo que encontramos en la investigación preliminar.

—Habla.

El mayordomo empujó el documento frente al anciano: —De acuerdo con las pruebas actuales, cuando la señorita Celina abandonó a la familia Guerrero, conoció a Vicente Lamas y formaron una pareja. Vicente era profesor de la facultad de artes en la Universidad de Valdemar. Ambos tuvieron una sola hija: Eliana.

El anciano revisaba lentamente las hojas, donde estaban documentadas las vidas de Vicente y Eliana.

Sin embargo, en cuestión de segundos, la inconsistencia se hizo evidente.

—Las fechas no cuadran —don Octavio levantó la vista—. Eliana tiene veinticinco años.

Su hija, Celina Guerrero, había dejado a la familia veinte años atrás. Y cuando se marchó, no tenía hijos. Era imposible que hace veinte años ya tuviera una hija de cinco.

Capítulo 31 1

Capítulo 31 2

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