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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 271

César de Soto hablaba con una seguridad aplastante, pero Luis, en su mente, ya había encendido su modo de queja habitual. ¿Cuándo la señorita Lamas le había confirmado a su jefe algún estatus oficial? Él solo se había adjudicado el título de "pareja actual" y ahora, para colmo, iba en camino a armar una escena de celos.

¿Y a quién iba a reclamarle? ¡A una pareja legalmente casada! Además, armar un escándalo por celos no encajaba en lo absoluto con la imagen fría y elegante del señor de Soto.

Por su parte, Pedro seguía intentando comunicarse con Eliana.

Cuando notó que era Manuel Romano quien contestaba todas sus llamadas, tomó aire y dijo con firmeza: —Señor Romano, ¿sería tan amable de pasarle el teléfono a la señorita Lamas? Necesito hablar con ella.

—Está dormida, no es un buen momento. Está descansando en su propia habitación, en su propia casa. ¿Hay algún problema con eso? —Manuel se recostó en el sofá, tamborileando sus largos dedos sobre la mesa con frialdad y una advertencia implícita en su tono—. Y tú, para ser solo un chofer, creo que te estás metiendo en asuntos que no te incumben.

Pedro suspiró con impotencia. Tenía razón; ¿qué problema podía haber con que marido y mujer durmieran juntos? Aunque la señorita Lamas le había dicho que estaban divorciados, uno nunca sabía en qué punto se encontraban realmente. ¡Quizás donde hubo fuego, cenizas quedan!

Además, el hombre había recibido una puñalada por ella.

Pedro estaba entre la espada y la pared, sin saber si debía irrumpir a la fuerza o no.

Mientras tanto, Manuel estaba al borde del colapso tras escuchar a César llamarse a sí mismo la "pareja actual". El nivel de posesividad en las palabras de ese hombre era evidente. ¿Acaso su Eli... había encontrado un reemplazo tan rápido?

Subió las escaleras, abrió la puerta y decidió enfrentarla para obtener la verdad.

Al escuchar el sonido de la puerta, Eliana levantó la vista.

—Eli, ¿tú... tú tienes novio? —soltó Manuel, clavando su mirada en ella. Parecía que, si ella decía que sí, estaba dispuesto a encerrarla en esa habitación para siempre.

—¿Eh? —Eliana lo miró con auténtica confusión. La pregunta había salido de la nada. ¿Qué mosca le había picado ahora?

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