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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 399

Al llegar al complejo, antes siquiera de poder entregar los documentos, se topó con el inconfundible Maybach de Manuel estacionado allí.

¿Qué hacía Manuel en ese lugar?

Se acercó a echar un vistazo y el auto estaba vacío.

Le preguntó al trabajador de limpieza y este le informó que una ambulancia se había llevado al dueño.

—Usted es un joven muy educado, no como el otro señor —añadió el trabajador a modo de cumplido.

¿Se lo llevó una ambulancia? ¿Qué había pasado?

Preocupado por la salud de su amigo, Ricardo dejó el asunto de Valeria para otro momento.

Condujo directamente al hospital y buscó la habitación de Manuel. Ver a la señora Romano hablando por teléfono en el pasillo le facilitó mucho la tarea.

Ricardo la saludó con un asentimiento educado y se disponía a entrar a la habitación para ver a su amigo de toda la vida. Pero al cruzar el umbral, se encontró cara a cara con la persona a la que más deseaba despellejar viva.

¡La impostora! ¡Esther Garza!

Ricardo y Esther. Cuando sus padres eligieron esos nombres, lo hicieron con los deseos más puros y hermosos.

Ricardo, cuyo nombre significaba heredar y proteger, llevaba sobre sus hombros la esperanza de continuar el gran legado de la familia Garza. Hasta el día de hoy, había demostrado ser digno de ese honor.

Y Esther, cuyo nombre chino significaba el resplandor de las estrellas, reflejaba el amor infinito que le tenían a su hija, deseando que brillara eternamente como un astro en el cielo nocturno.

Juntos, como hermano y hermana, estaban destinados a apoyarse mutuamente: uno con la fortaleza de la tierra y los imperios familiares, y la otra iluminando el firmamento con su luz.

Pero hasta ese hermoso significado había sido mancillado por culpa de esta farsante.

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