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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 741

El semblante de Rafael se mantenía impasible, su expresión tan severa que imponía respeto a cualquiera que se le acercara. La fuerza que emanaba llenaba toda la habitación, como si el aire se volviera denso y difícil de respirar.

Isidora, sin embargo, parecía haber anticipado cada palabra que él pronunció. Sorprendentemente, no tuvo reacción alguna; su calma era tal que recordaba a un lago en plena madrugada, tan quieto que ni una brisa lo perturbaba.

—¿De verdad crees que la esposa de Lázaro puede venir a repartirse el pastel de la familia Santana?

La risa de Isidora fue mordaz, y la curva de sus labios dejaba claro que no era más que una burla. Sus ojos reflejaban desdén y cierto regocijo malicioso.

Rafael detuvo el golpeteo de sus dedos sobre la mesa, pero no respondió de inmediato. Arrugó la frente, meditativo.

—Sofía y tú no son iguales. Puede que haya pasado por la cárcel, que haya sufrido, pero ella jamás podría convertirse en alguien malintencionado. No sería capaz de quedarse de brazos cruzados viendo cómo le hago daño a la mujer de Lázaro.

—¿Ah, sí? Entonces mientras la alabas por su bondad, también aprovechas esa misma bondad para tus planes.

Isidora entrecerró los ojos y soltó una carcajada, tan intensa que hasta los hombros le temblaron.

—Rafael, lo tuyo es pura hipocresía.

Pero Rafael no se alteró ante el reproche directo. De hecho, alzó levemente las cejas, como si incluso lo tomara como un elogio.

—¿Y qué? Con tal de conseguir lo que quiero...

—Pero Sofía quizá no te lo pueda dar. Yo sí.

La seguridad en la voz de Isidora no dejaba lugar a dudas; lo miraba directo, sin titubeos.

—¿Tú? —Rafael levantó el mentón, aunque en el fondo no parecía convencido.

Él siempre se jactaba de saber leer a las personas. Para él, Isidora no era más que la hija adoptiva consentida, una inútil que nunca había tenido la cabeza para hacer nada bien, y que cada vez que intentaba algo importante, terminaba metiendo la pata.

Sin embargo, nunca antes había visto esa expresión en ella. Parecía una loba acorralada, dispuesta a todo con tal de morder a su enemigo, aunque eso significara dejarse la vida en el intento.

Rafael frunció el entrecejo, todavía con dudas respecto a lo que tenía enfrente.

—Está bien, dime entonces, ¿qué tienes tú que pueda convencerme de que vale la pena trabajar contigo?

Por primera vez, su voz destilaba un poco de paciencia.

Isidora esbozó una sonrisa torcida, casi amenazante.

Capítulo 741 1

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