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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 783

La empleada también se quedó atónita.

—De verdad estuve vigilando afuera todo el tiempo, no me moví ni un segundo. ¿Cómo es posible que no esté…?

Tenía los ojos desorbitados y hablaba con cada vez más vacilación, presintiendo que algo andaba muy mal.

Cuando giró la cabeza, como era de esperarse, se encontró con unos ojos llenos de escarcha.

—¿Así es como vigilas?

La voz de la señora Castillo era lúgubre. La empleada, asustada, se dejó caer al suelo y luego se apresuró a gatear hacia la señora Castillo, haciendo reverencias y llorando:

—¡Señora! ¡De verdad estuve en la puerta todo el tiempo! ¡Le juro que el joven nunca salió de la habitación!

La empleada bajó la cabeza y trató de explicarse una y otra vez, pero nada podía disipar la expresión sombría de la señora Castillo.

—Si nunca salió de la habitación, entonces dime dónde está. ¿Se lo tragó la tierra?

La voz de la señora Castillo resonó como un trueno; cada palabra cargaba con una ira creciente.

La empleada se quedó muda, incapaz de responder.

—¡Mamá, mira!

El otro Alfonso, que estaba junto a la ventana, abrió mucho los ojos y gritó.

La señora Castillo, que ya estaba de muy mal humor, frunció el ceño aún más ante aquel grito repentino.

—¿Por qué gritas? ¿Qué puede ser más importante que la desaparición de tu hermano?

Aunque dijo eso, caminó unos pasos hacia adelante y vio el tronco del árbol que lucía algo maltratado.

El hombre se quedó en silencio observándolo, y una suposición sorprendente estalló en su mente.

—Alfonso… ¿no se habrá escapado por la ventana?

La mirada de la señora Castillo se congeló en la ventana; en su mente parecía proyectarse la imagen de Alfonso apoyándose en el marco para huir.

Lo más importante era que esta habitación estaba en el cuarto piso.

El cerrajero, que era más observador, se acercó a revisar y llegó a una conclusión que confirmaba la sospecha:

—Señor Castillo, es muy probable que haya saltado.

Señaló el tronco:

—Aquí hay marcas claras de fricción, y parece que soportó bastante peso, por eso la rama está ligeramente caída.

Su análisis era frío y lógico, pero cada palabra golpeaba el corazón de la señora Castillo, llenándola de ira y resentimiento.

Capítulo 783 1

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