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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 918

—Entiendo, Sofi. Cuando regreses a Olivetto, te pediré el favor de que me ayudes a rastrear el paradero de la pieza original.

Viendo cómo estaban las cosas, lo más seguro es que el vestido estuviera en manos de Isidora Rojas.

—Ya que viniste hasta acá, está bien. Pasaré por la casa de la familia Rojas cuando salga de la oficina.

Sofía aceptó sin darle más vueltas.

Su respuesta fue tan rápida y directa que Oliver se quedó paralizado, incapaz de creer lo que acababa de escuchar.

Estaba a punto de preguntar "¿De verdad?", pero antes de que las palabras salieran de su boca, Sofía hizo un simple gesto con la mano.

Al instante, dos guardias de seguridad que estaban cerca de la puerta se acercaron y tomaron a Oliver por los brazos, inmovilizándolo.

El movimiento fue tan repentino que Oliver no tuvo tiempo de reaccionar. Cuando por fin entendió lo que pasaba, le lanzó una mirada llena de odio a Sofía, aunque su sentido común le advirtió que no perdiera los estribos.

Obligándose a mantener la calma, forzó una sonrisa torcida.

—Sofía, hija, ¿qué significa esto?

Sofía se cruzó de brazos, su actitud tan fría como el hielo.

—Esta es una corporación seria, y me parece que usted lleva bastante rato haciendo un escándalo en mi recepción. Si no impongo orden, los empleados creerán que aquí cualquiera puede hacer lo que se le pegue la gana. ¿Qué pasaría si vienen extraños a hacer un alboroto y arruinan la imagen de la empresa? ¿Quién va a arreglar ese desastre?

Su tono era calmado, pero las palabras estaban cargadas de una autoridad implacable.

La cara de Oliver se puso roja de indignación.

¿Acaso lo estaba usando como ejemplo para asustar al personal?

—Sofía, no puedes compararme con cualquier aparecido. ¡Soy tu padre! Con tanta gente entrando y saliendo, ¿qué clase de imagen das tratándome así? ¡Diles que me suelten ahora mismo!

La sonrisa de Oliver parecía más una mueca de desesperación.

Sofía lo ignoró por completo.

—Échenlo a la calle.

—¡Ay!

Segundos después, el grito indignado de Oliver resonó en la entrada del edificio.

Los guardias de seguridad ni siquiera se molestaron en mirarlo. Simplemente lo dejaron en la acera y regresaron a sus puestos, dejando a Oliver completamente humillado en plena calle.

A través de los inmensos ventanales de cristal, pudo ver cómo Sofía subía las escaleras con su equipo, sin dignarse a darle una última mirada al hombre que se quedaba afuera, tragándose el coraje.

Oliver sentía que la frustración lo asfixiaba.

En el departamento, Leonor Medina acababa de sufrir un aborto, y con solo pensar en verla, se le quitaban las ganas de ir. Sin embargo, cada vez que la visitaba, terminaba cayendo en una especie de letargo extraño a su lado, solo para despertar con un dolor de cabeza insoportable. Eso hacía que cada día quisiera verla menos. Por otro lado, Ivana era increíblemente aburrida; era una mujer madura con mentalidad de adolescente, que no ofrecía la comprensión de una mujer de su edad, ni tenía la frescura o la figura envidiable de una joven.

Cuanto más lo pensaba, más detestaba su situación. Por eso había ido a buscar a Sofía, intentando acelerar sus planes, pero jamás imaginó que saldría pateado a la calle.

Lejos de la mirada de su hija, no tenía por qué seguir fingiendo ser un padre amoroso. Su rostro perdió cualquier rastro de amabilidad, transformándose en un hombre calculador y amargado.

Sin embargo, recordando la extraña pregunta de Sofía sobre el vestido de novia, su instinto le dijo que algo andaba mal, así que sacó su celular para llamar a Isidora.

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