Esther se rascó la cabeza y soltó una risa nerviosa.
—Ay, pues cada cosa es diferente, ¿no?
Después, se acercó a Bea con aire conspirativo, bajando la voz.
—Oye, Jasper ahorita es el pianista número uno del mundo, de esos que tienen fama y fortuna. Si tú anduvieras con él, no estaría nada mal.
Sin embargo…
Los ojos de Esther se detuvieron un instante en Bea, y en su mente apareció el rostro de Alfonso. Algo dentro de ella le decía que había algo raro en todo eso.
Sofía, al captar la intención de Esther de armarle pareja, no pudo evitar reírse. La miró resignada.
—Mira nomás, ni siquiera tienes un solo amigo cercano y tú más preocupada por con quién salgo yo.
Esther, al escucharla, se le subieron los colores y le lanzó una mirada a Sofía.
—¡Ay, ya vas! Se nota que te la pasas con Alfonso, hasta ya me hablas igualito que él, siempre con indirectas.
Verla tan alterada le levantó el ánimo a Sofía, que ya se sentía más ligera.
—La verdad, desde que me divorcié, no le doy mucha importancia a esas cosas del amor. Si tengo o no pareja, para mí es lo mismo. Es más, hasta lo siento como una carga.
Sofía apoyó los codos en la mesa y sostuvo la cara entre las manos, hablando esta vez con más seriedad.
Esther dejó de lado su actitud explosiva, y el ambiente se volvió más tranquilo.
—Si así lo ves, pues está bien. Además, aunque no tengas pareja, aquí me tienes a mí y a Maite.
Se quedó pensativa, dándose cuenta de que, en realidad, no estaba nada mal vivir así.
Ellas eran figuras clave en la tecnología, con dinero, poder y estatus… No les faltaba nada. En su mundo ya lleno de lujos y flores, no necesitaban otra “flor” más para decorar.
En el interior de la casa reinaba la calma, pero afuera la cosa era muy distinta.
...
Afuera, Jasper y Alfonso se miraban sin parpadear, retando al otro con la mirada. Ninguno pensaba ceder.
—¿Ah sí? ¿Compromiso de niños? ¿Y no que te botaron?
Jasper buscó un hotel cerca de Villas del Monte Verde para quedarse esa noche.
Le gustaba que el cuarto estuviera en un piso alto, así podía ver los jardines verdes del fraccionamiento desde la ventana.
Arrastró una silla hasta el ventanal y se sentó solo, repasando en la cabeza lo que acababa de pasar.
Sofía no le creía, o quizá no le daba importancia a eso del “compromiso de niños”.
Para ella solo había sido una promesa de adultos hecha al aire, sin peso alguno. No sabía que para él, ese recuerdo era lo único que lo mantenía en pie.
Jasper soltó un suspiro y levantó el vaso que tenía apretado en la mano derecha. Se lo llevó de un trago.
Siempre había sido alguien muy controlado, nunca había bebido alcohol. Jamás pensó que la primera vez sería en un país extranjero.
Pero… si estaba en la ciudad donde vivía ella, entonces no importaba. Todo lo hacía con gusto.
El ardor en la garganta era intenso, y sentía los ojos empañados.
Sin darse cuenta, el mundo a su alrededor empezó a girar, y hasta la luna que veía por la ventana parecía haberse caído al suelo.

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