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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 605

¿Por qué está tirado en el suelo?

Jasper se frotó los ojos, pero ni así logró ver que la luna se levantara.

No tenía sentido, él había visto la luna miles de veces y jamás la había visto así.

Con esfuerzo, Jasper intentó estirar la mano para enderezarse, pero terminó cayendo de nuevo, golpeándose los nudillos contra el piso. El dolor lo sacudió un poco, haciéndolo recobrar algo de lucidez.

Resultó que, en medio de su aturdimiento, se había caído sin siquiera notarlo.

Jasper forzó una sonrisa incómoda y volvió a sentarse en la silla.

La luna brillaba en el cielo, tan clara como siempre, igual que en todos esos años que la había contemplado.

Sin embargo, ese pequeño momento de claridad que le dio el dolor se esfumó en un parpadeo. Todo a su alrededor comenzó a verse borroso, como si el mundo se llenara de figuras superpuestas y sombras.

Y entonces, los recuerdos se apoderaron de su mente.

—Abuelo, ¿por qué tengo que aprender piano?

No le gustaba. Mirar al hombre viejo, de pie junto al piano con una vara en la mano, le daba miedo y lo hacía sentir injusticia.

Mientras los demás jugaban afuera, él estaba encerrado en el patio, practicando.

—Tienes talento.

...

—¡Abuelo, gané el premio de oro en la Copa Juvenil!

Corrió a casa feliz, cargando el trofeo. Pero lo que encontró fue al viejito tirado en el suelo.

El trofeo acabó olvidado en el piso. Jasper perdió la cabeza y corrió hacia el abuelo.

El abuelo se veía diminuto, tan diferente de aquel hombre fuerte y estricto que lo había criado.

Las arrugas le cubrían las comisuras de los ojos, pero Jasper notó que había algo más, no solo arrugas.

Intentó limpiarlas, pero lo único que logró fue borrar un poco de ese brillo húmedo.

—Abuelo, no quiero quedarme solo...

Lloró.

Fue en ese instante que comprendió algo.

El abuelo sonrió. No tenía fuerzas, ni siquiera logró una sonrisa completa; incluso Jasper pensó que quizá solo fue su imaginación.

—¿Cómo vas a estar solo? Sofía te está esperando.

...

—Ahora soy el pianista más reconocido del mundo.

De pie frente a una pequeña lápida, Jasper volvió a poner un ramo de pasto sobre ella.

Jasper, avergonzado, se quedaba a un lado, aunque no podía dejar de mirar a Sofía.

Ella, curiosa, preguntaba a su abuela cómo se hacía un vestido, mientras sin hacer ruido se sentaba junto al abuelo para tocar a cuatro manos.

...

—¡Pum, pum!

Después de varios golpes sin obtener respuesta, Esther hackeó directo el sistema del hotel y abrió la puerta.

Empujó la puerta y, apenas entró, lo primero que notó fue el fuerte olor a alcohol que inundaba la habitación.

Sacudió la mano delante de su cara y avanzó unos pasos. Al llegar al dormitorio, encontró a Jasper tirado en el piso.

Frunció el entrecejo. Vio primero la media botella de licor volcada junto a sus pies y luego el charco de alcohol en el suelo. Solo pudo llevarse la mano a la frente, resignada.

Después, Esther se agachó junto a Jasper y, sin pensarlo dos veces, le dio tres cachetadas bien dadas.

Jasper, aturdido por los golpes, despertó sobresaltado y vio la cara de Esther, llena de furia y decepción.

—Tú...

—¿Quieres morirte? Pues vete a tu país y muérete allá si tanto quieres.

Esther le soltó otra bofetada.

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