[Gisela: Ya me fui. Quedamos en que íbamos a salir un tiempo para conocernos.]
Enseguida apareció el mensaje de Aitana:
[Aitana: ¿Ya se gustaron o qué?]
Gisela alzó las cejas, sorprendida, y contestó al instante:
[No, ¿qué dices? Solo acepté salir para ver cómo va.]
Tras pensarlo un poco, Gisela agregó con cautela:
[Si después de salir un rato sigo sintiendo que no va, pues ni modo, cada quien por su lado.]
Aitana estuvo escribiendo un buen rato antes de mandar su siguiente mensaje:
[¿Ah, sí? ¿Y el chico qué tal?]
Gisela respondió con mucho cuidado:
[Pues está bien, se ve más o menos igual que en las fotos.]
Aitana insistió:
[Me refiero a cómo es él en general. ¿Te cayó bien? ¿Crees que vale la pena?]
Gisela contestó, esquiva:
[En general está bien, no tiene nada malo.]
Aitana remató:
[Mejor me cuentas en persona.]
Gisela asintió:
[Ok.]
Lo que Gisela no sabía era que ese “está bien” en los oídos de Aitana se transformaba en:
Mamá, él es el indicado, me encanta, quiero pasar toda mi vida con él.
No conforme, abrió la conversación con Xavier y descubrió, todavía más molesta, que él ni siquiera le había contestado los mensajes anteriores.
Con el coraje a tope, empezó a escribir:
[Xavier, ven por mí de una vez. No tengo ni un peso, me muero de hambre y de cansancio. ¡Ya no aguanto más!]
Sin respuesta.
Ofelia volvió a mandarle su ubicación en tiempo real:
[Xavier, estoy aquí, ven a buscarme.]
Por fin, Xavier respondió:
[Deja de hacer drama, vete tú sola. ¿No tienes nada de dinero ni en el banco ni en el celular?]
Ofelia, indignada, tecleó con toda la seguridad del mundo:
[No tengo ni un peso, en serio. La tarjeta está bloqueada, WhatsApp tampoco tiene saldo, ¡de verdad me estoy muriendo de hambre!]

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