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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 821

Él sabía que Delia ya había notado lo que sentía por Gisela. No se sentía apenado ni inseguro; al contrario, siempre había sido franco y abierto con sus sentimientos.

Lo que él quería no era solo el asiento junto a Gisela.

Xavier se puso de pie, metió una mano en el bolsillo y dijo:

—Tengo cosas que hacer más tarde, así que me voy adelantando.

Delia alzó una ceja.

—¿Ya te vas? Si apenas llegaste.

Xavier esbozó una sonrisa resignada y con cierta picardía respondió:

—Ni modo, ya estoy en la edad en la que hay que ponerse las pilas y trabajar duro, juntar algo de dinero… si no, ¿cómo voy a casarme después?

Mientras hablaba, miró directamente a Gisela.

Gisela siguió viendo la televisión como si no hubiera escuchado nada.

La sonrisa de Xavier se hizo más marcada.

Delia alargó la voz y soltó un “oh” larguísimo, mirando de manera cómplice de uno al otro.

Xavier dijo:

—Bueno, ahora sí me voy.

Gisela, como si apenas lo procesara, levantó la cabeza.

—¿Ya te vas? Que tengas buen camino entonces.

Xavier se dirigió hacia la puerta. Al pasar junto a Gisela, se inclinó y le revolvió el cabello con la mano.

—Descansa bien.

Gisela lo miró mientras salía, y solo dijo:

—Oh.

Cuando Xavier cerró la puerta, Delia la miró con una sonrisa traviesa y le dio un codazo a Gisela.

Gisela se estiró y dijo:

—Estoy cansada, toda la mañana en esto… me voy a dormir. Haz lo que quieras.

—Sí, sí… ya salte.

Aitana cerró la puerta. Gisela, sin pensarlo mucho, revolvió un poco la ropa y sacó un vestido largo negro que le pareció decente.

El vestido parecía sencillo, pero al ponérselo le sorprendió lo bien que le quedaba.

La parte de arriba era una blusa de punto, suave, con el cuello caído que dejaba al descubierto los hombros y las clavículas, resaltando su figura. La cintura era de corte alto, marcando su silueta delgada, y la falda caía en capas, elegante y con movimiento.

Visualmente, el vestido la hacía ver más alta y estilizada. Hasta Gisela, al verse en el espejo, asintió con aprobación.

Nada mal para haberlo escogido al azar.

Salió del cuarto y se presentó ante Aitana para la inspección. Aitana no pudo encontrarle ningún defecto y solo asintió satisfecha.

—Muy bien, muy bien, ese está perfecto.

¡Qué linda se veía!

Delia se quedó boquiabierta y la tomó del brazo.

—¿En serio vas a ir a esa cita? ¿De verdad quieres hacerlo?

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