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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 725

—Pues solo estuvimos platicando, jamás imaginamos que algo así pudiera pasar —dijo Saúl, esquivando el tema con palabras vagas.

—¿Platicaron de qué? —insistió Xavier, su ceño marcado por la sospecha.

Saúl estuvo a punto de soltar un "eso no te incumbe", pero Xavier se adelantó:

—¿Estuvieron hablando de lo de Rubén?

Saúl se quedó helado un momento antes de reaccionar.

—¿Gisela ya te lo contó?

Xavier se frotó la cara con la palma de la mano, los labios apretados como si contuviera algo difícil de decir.

—Mencionaste que el chofer del camión tenía algo raro... ¿has pensado que tal vez estas dos cosas estén conectadas?

La expresión de Saúl se endureció en el acto.

—Hasta ahora no hay pruebas sólidas, así que no digas tonterías.

En el fondo, Saúl no podía aceptar que Romina fuera capaz de algo tan atroz como quitarle la vida a alguien para callarlo.

Xavier lo miró fijamente durante unos segundos. Saúl, sin inmutarse, mantuvo la misma expresión, como si nada pudiera hacerlo tambalear.

Xavier entendió que no sacaría nada más de Saúl y, sin perder el tiempo, se dio la vuelta para irse.

Todavía quedaba pendiente lo de Gisela, que seguía inconsciente. No quería dejarla sola por mucho tiempo.

...

Delia volvió a ver a ese joven, Xavier, platicando con él en un rincón del hospital. A ella, sin embargo, no le quedaban fuerzas para ponerle atención a Xavier. Ya había pasado un día completo y Gisela seguía debatiéndose entre la vida y la muerte. Aitana no paraba de llorar y Delia, incapaz de consolarla, solo pudo sugerirle que regresara a casa a esperar noticias. Ver a Gisela postrada así le hacía más daño.

Cuando Xavier se acercó, Delia le preguntó:

—¿Hay alguna novedad en la comisaría?

La mirada de Xavier estaba hundida en sombras, y su voz salía áspera, como si hubiera pasado la noche entera sin dormir.

—No han encontrado nada raro.

Delia frunció el ceño.

—¿Y si solo fue una coincidencia?

Y, sobre todo, la desesperación de lanzarse al mar abrazando la urna de Fabi, sintiendo que el agua salada la ahogaba.

Todo su cuerpo estaba rodeado de agua. No podía respirar. Apretaba la urna contra su pecho buscando aire, pero lo único que encontraba era el sabor salado del mar.

El agua se le metía por la garganta, llenándole los pulmones. Intentaba abrir la boca para jalar aire y solo entraba más agua.

Sin oxígeno, la mente le empezó a nublar. El cuerpo fue perdiendo fuerza, dejándose arrastrar hacia el fondo.

...

—¡Gisela!

Nelson despertó de golpe. El corazón le retumbaba en el pecho, la respiración agitada, la frente empapada en sudor. Sentía como si el miedo del sueño hubiera hecho nido en su pecho, apretándole el corazón con fuerza.

Se quedó sentado, jadeando, la mirada perdida en el techo oscuro. Le tomó varios minutos volver en sí.

Solo había sido un sueño.

Dejó caer los párpados, tratando de calmar la tormenta que seguía agitándole el pecho.

Después de ese mal sueño, el sueño se le había esfumado. Encendió la luz tanteando la pared y, ya sentado, abrió el cajón, sacó una cajetilla de cigarros y puso uno entre los labios. No era muy hábil, pero tras varios intentos logró prenderlo, y se quedó ahí, en silencio, dejando que el humo llenara el espacio mientras intentaba recuperar la calma.

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