—¿Todavía me preguntó si conozco a Rubén? Le dije que no, que seguro tenía confundida a la persona. Ni Lola ni yo mencionamos nada.
La desconfianza de Romina no se disipó.
—¿Y qué pasó con la denuncia que te puso Gisela? ¿La escuela ya te dijo algo?
Nicolás vaciló un instante.
—Señorita Romina, ¿no fue usted quien me dijo que se iba a encargar de eso?
Por un segundo, la mirada de Romina se perdió. La verdad era que ni tiempo tenía para resolver el problema entre Nicolás y Lola.
Intentando ocultar su nerviosismo, endureció el tono.
—Ya estoy moviendo a la gente adecuada, no pregunten tanto. Solo quiero saber en qué va todo para saber cómo actuar.
Al otro lado del teléfono, Nicolás frunció el ceño.
Lo sabía. Romina nunca los había tomado en serio, seguro ni siquiera había movido un dedo para ayudarlos.
Por suerte, lograron tranquilizar a Gisela antes de que entregara todos los papeles de la denuncia.
Nicolás se inventó algo rápido.
—No le hicimos caso a Gisela y se enojó. Dijo que sí o sí nos iba a denunciar, pero al final los papeles que entregó no estaban completos. La escuela no puede confirmar que Lola y yo falseamos identidades, así que dejaron el asunto en pausa. Por ahora, seguimos siendo alumnos.
Romina por fin pudo respirar tranquila.
—Así está bien, mejor.
—Bueno, ya me quedó claro. Voy a colgar.
Colgó la llamada. Romina apoyó la palma de la mano sobre el pecho y trató de calmar los latidos acelerados de su corazón.
Por suerte, las cosas no se habían salido tanto de control.
Pedro sostuvo la puerta del balcón para que ella entrara primero. Romina cruzó, con el entrecejo marcado por una inquietud que no pudo ocultar.
Cinco noches.
Eso también quería decir que llevaba cinco noches lejos de Thiago.
Antes, siempre se encargaba de arrullar a Thiago en la noche hasta que se dormía. Ahora, usando la excusa de un viaje de trabajo, llevaba cinco días sin verlo.
Thiago nunca había estado tanto tiempo lejos de ella. Allá, ya se estaba poniendo inquieto y pedía verla.
Nelson también le había hecho algunos comentarios, como si sospechara que algo no cuadraba.
Romina extrañaba a Nelson y a Thiago, pero no tenía opción. Pedro la tenía vigilada y no encontraba manera de salir de ahí.
Pedro le había dejado claro: si faltaba, tenía que compensar a Katia el doble.
Por eso no se atrevía a irse, ni siquiera a salir de la casa, por miedo a que la descubrieran y se dieran cuenta de que, en teoría, debía estar fuera de la ciudad por trabajo.

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