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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 681

Saúl mantenía la cabeza agachada, anotando en su libreta, con una expresión completamente impasible, sin levantar la vista ni una sola vez, sin participar en la conversación entre Gisela y el director, como si estuviera en otro mundo.

Tal vez fue porque notó la mirada de Gisela, pero Saúl cerró el bolígrafo y, por fin, la miró. Sus ojos, sin embargo, eran tan distantes como siempre.

La mirada de Saúl apenas se posó en ella por medio segundo antes de apartarse. De repente, dio un paso adelante, interrumpiendo al director.

—Director.

El director, sorprendido por la interrupción, no mostró ni una pizca de molestia.

—¿Qué pasa, Saúl?

Saúl le regaló una sonrisa cortés.

—Tengo asuntos que atender, así que me retiro.

—Sí, sí, anda, no te detengo.

Saúl asintió educadamente, pero al levantar la cara volvió a esa expresión inexpresiva que parecía propia de un muerto. Pasó a grandes zancadas junto a Gisela, sin mirarla.

Gisela soltó una ligera exclamación en su mente.

...

—¿Sigues aquí conmigo? —El director agitó la mano frente a sus ojos.

Gisela reaccionó de inmediato.

—Sí, lo escucho. Continúe, por favor.

...

Cuando salieron del cuarto de hospital, Xavier le pasó un brazo por los hombros.

—A ver, cuéntame, ¿qué onda contigo y Saúl?

Gisela tomó su celular y lo revisó al azar, respondiendo con desgano.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Es la primera vez que lo veo tan cortante con una chica —comentó Xavier.

Gisela alzó una ceja.

—¿Y eso qué?

—Si te hizo algo, dime. Yo mismo le pongo un alto.

Xavier lo dijo con tal ligereza que casi parecía que en serio podía hacerlo.

Gisela se sorprendió por un instante y lo miró.

Xavier tenía la ceja levantada y esa actitud despreocupada, como si nada en la vida pudiera frenarlo.

Por dentro, Gisela sentía un revoltijo de emociones.

Xavier y Saúl se conocían desde niños, su amistad debía ser profunda. Gisela pensaba que Xavier iba a preguntarle si ella había hecho algo para molestar a Saúl.

Si la vía de Saúl estaba cerrada, entonces solo quedaba...

De repente, sintió un toque cálido sobre la mejilla.

Alguien le apretó suavemente la cara.

Gisela frunció el ceño y fulminó a Xavier con la mirada, apartando su mano.

—Estamos en el hospital, hay un montón de gente. Ten más cuidado.

La sonrisa de Xavier se volvió más tenue que de costumbre, y en sus ojos asomaba un deje de preocupación.

—Gisela, ¿cómo le hacías antes, rodeada de tanta gente que solo te complicaba la vida?

Gisela se encogió de hombros con desinterés.

—¿Qué más podía hacer? Comer, dormir y aguantar.

No le interesaba quedarse atrapada en el pasado ni andar lamentándose. Prefería mirar hacia adelante. Recordar lo que ya no podía cambiar no tenía sentido.

Xavier la observó en silencio unos segundos.

—Gisela, eres increíble.

En un entorno así, haber logrado salir adelante y, en una ciudad tan desconocida como Ciudad de los Vientos, crear su propio camino, era algo que pocos podían presumir. Era como resurgir de las ruinas, darle la vuelta al destino.

Esa fuerza no cualquiera la tenía.

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