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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 671

Saúl sonrió y dijo:

—Ya, vámonos al hospital primero.

Al subir al carro, Saúl se inclinó hacia Romina y le extendió la mano:

—Déjame llevar tus cosas, ahorita las pongo en el carro.

Romina asintió, entregándole sus diplomas y demás papeles.

Saúl los tomó y les echó una mirada rápida. Cuando vio el puesto que aparecía en el diploma, se le escapó un comentario:

—¿Tercer lugar, eh?

Romina ya se había acomodado en el asiento. Al escuchar la pregunta de Saúl, se le tensó el cuerpo por un instante.

Entre la gente que la rodeaba, todos sabían lo competitiva que era. Le fascinaba ganar, siempre quería ser la número uno, sin importar el tipo de competencia; no aceptaba menos que el primer puesto.

Sobre todo Saúl, él era quien mejor conocía esa faceta suya.

Para Romina, cualquier lugar que no fuera el primero era como perder; lo sentía como una humillación.

Pero esta vez, después de la pelea con Alejandra, le fue imposible encontrar a alguien que la ayudara, alguien que fuera discreto y no la traicionara como Alejandra lo había hecho. No le quedó otra más que enfrentarse sola a la competencia.

Por eso, la calidad de la pieza de piano que presentó bajó de manera drástica.

Antes de subir al escenario, estaba tan nerviosa que sentía que el corazón le iba a salir del pecho. Le preocupaba no pasar a la final por no tener una pieza suficientemente buena.

También temía que Gisela y Alejandra la acusaran, como la vez anterior, de haber pedido ayuda para componer.

Con ambas preocupaciones encima, los nervios la tenían al límite.

Por eso, antes de salir a escena, volteó a cada rato a ver a Gisela, buscando alguna señal de traición.

Al final, logró presentarse y su interpretación fue lo bastante buena como para compensar las carencias de la pieza. Apenas y logró colarse en el tercer lugar y, con ello, pasar a la final.

Ese resultado, para ella en ese momento, era como un milagro. Pero, si lo veía desde la perspectiva de su carrera, representaba casi un desastre.

No se atrevía a contarle todo eso a Saúl. Él siempre creyó que la pieza era suya, genuina, sin saber lo que había detrás. Y ella no quería romper esa ilusión.

...

De camino al hospital, Saúl fue observando el semblante de Romina desde el retrovisor.

Se sentía algo inquieto.

Habían pasado ya dos días desde que Gisela lo buscó para llevarlo al hospital.

Le había dicho a Gisela que no le importaba, que no estaba al pendiente, pero en el fondo solo él sabía cómo se sentía.

Él y Rubén habían sido compañeros en la universidad y se llevaban muy bien. Rubén venía de una familia con pocos recursos, tenía que trabajar para poder estudiar y Saúl, al principio, no pensó en ayudarlo. Pero Rubén era de esos que ponían todo su empeño en lo que hacían: fuera en los estudios o en lo cotidiano.

Cuando Saúl cometía errores en las prácticas, era Rubén quien le advertía, evitando que hiciera el ridículo frente a profesores y compañeros.

La vez que Saúl tuvo una intoxicación alimenticia, fue Rubén quien se dio cuenta y lo llevó al hospital antes de que la situación se agravara.

Por todas esas cosas, Saúl decidió apoyarlo económicamente.

Rubén siempre fue una persona dedicada y responsable. Por eso, cuando Gisela le contó que Rubén había sido diagnosticado erróneamente, Saúl no pudo evitar quedarse en shock.

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