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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 151

30 DÍAS… CAPÍTULO 27. La casa de los locos.

Alejandra sonrió satisfecha cuando lo vio tragarse la lengua, primero porque no era algo muy común en su hermano, pero le encantaba eso de que hubiera una mujer en su vida además de su madre que le diera miedo. ¡Pura maldad vengativa filial, ya lo sabía, pero tampoco se arrepentía de eso, después de todo así era tener hermanos!

—Bien, tú te quedas a reflexionar con el doctor. Y mientras, nosotras tendremos una tarde de chicas.

Y Allison descubrió muy pronto que una tarde de chicas con Alejandra Rivera era una operación perfectamente organizada.

Primero fueron de compras porque, según Alejandra, presentarse a una cena familiar con ropa elegida por un secuestrador constituía una violación de varios derechos fundamentales. Después pasaron por un spa y, para cuando regresaron a la mansión, Allison se sentía como si llevara una semana de vacaciones y no varios días encerrada en una cabaña investigando delitos empresariales.

La cena fue mucho menos intimidante de lo que esperaba. Darío Rivera la recibió con una cordialidad tranquila, aunque Allison detectó enseguida que era un hombre acostumbrado a observar antes de hablar… o pegar.

—¿Es mi impresión o tu padre tiene cara de sicario redimido? —susurró en el oído de Alejandra y ella se ahogó con su propia risa.

—Sicario no, peleador clandestino, según dicen: con récord de peleas invito…

—¡Yo puedo atestiguar que eso no es cierto! —exclamó una voz peligrosa que entraba por el otro lado del salón—. Al menos ha perdido una pelea en su vida, ¿no es cierto, cariño?

—Pues no, porque tú no cuentas —rezongó Darío y Allison ya supo de dónde venía ese gesto enfadado de Angel cuando se frustraba.

Y por su parte, la madre de los gemelos, Sahamara Reyes, a quien todos llamaban Sammy, necesitó mucho menos tiempo para decidir que Allison le agradaba.

—Así que tú eres la mujer que consiguió que mi hijo necesitara antibióticos —comentó Sammy y Allison miró a Ángel antes de responder.

—Técnicamente, yo conseguí los antibióticos. Lo de necesitarlo es asunto de él, yo lo llamaría mala coordinación o visión reducida. ¡La rama tenía que ser grande para hacerle semejante herida y él simplemente no la vio! Luego tiene que venir una a remendarlo…

Y eso bastó para que Sammy sonriera de inmediato.

—¡Esta chica me gusta!

—¡Mamá...! —carraspeó Angel.

—¿Qué? ¿Te molesta que me agrade? —lo increpó su madre.

—Pues tanto como molestarme no… creo que más bien me preocupa el hecho de que con las nuevas alianzas, el sector masculino de la casa va a quedar en desventaja numérica.

Y la broma estaba ahí, entre líneas, pero antes de que nadie se riera Allison le torció los ojos de tal manera que él se quedó callado a mitad de la frase. Y Sammy observó el intercambio con evidente interés antes de mirar a Allison.

—Si eso deja de funcionar alguna vez, pegarle con un gajo de rosas también sirve —comentó y la muchacha asintió con absoluta seriedad.

—He organizado todo lo que tenemos hasta ahora —explicó.

La pantalla se encendió y Sammy se incorporó ligeramente al reconocer la eficiencia con que se había tratado la información. Allí estaba la auditoría completa: empresas, fechas, operaciones, movimientos financieros, contratos, relaciones entre proveedores y las irregularidades que habían comenzado a identificar en los registros de las bodegas. Todo aparecía clasificado y relacionado de manera que permitía seguir la investigación sin tener que saltar entre decenas de documentos.

Ángel contempló la pantalla y después miró a Allison, que se levantaba sacudiéndose el vestido y tomando el control para mostrarles la primera diapositiva.

—¿Cómo demonios tuviste tiempo de preparar una presentación? —murmuró aturdido, pero su padre respondió antes que ella.

—Porque es evidente que tú no estás haciendo bien tu trabajo —se burló Darío entre dientes.

—Papá...

—¿Quéééééé? Estás enfermo, herido y mangoneado por la mujer a la que secuestraste, y por cierto, tú y yo vamos a tener una conversación muy seria mañana en el gimnasio —siseó Darío, pero Sammy giró lentamente la cabeza hacia su marido, y este dejó de sonreír en cuanto notó aquella mirada—. Lo siento, princesa, será una charla amistosa, no una paliza todavía.

Y aunque los ojos de Darío sonreían, algo le decía a Allison que Angel no iba a poder escapar de alguna paliza al día siguiente.

Alejandra observó primero a sus padres, después a Ángel y finalmente a Allison. Y durante un segundo pareció considerar seriamente la situación antes de preguntar:

—¿Quieren que vaya por el gajo de rosas?

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