Entrar Via

7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 150

30 DÍAS… CAPÍTULO 25. Instinto de supervivencia

El Gulfstream despegó poco después de que Allison terminara de descubrir que Ángel Rivera no tenía ninguna habilidad para improvisar mentiras cuando lo tomaban por sorpresa. Ella recorrió el interior del avión con la mirada mientras avanzaba hacia los asientos, pero no hizo comentarios sobre el lujo de la cabina, los sillones amplios ni las distintas áreas distribuidas a lo largo del espacio. Tampoco volvió a preguntarle a quién pertenecía. Ya tenía su respuesta.

Ángel se sentó y Allison ocupó el asiento a su lado. Durante el ascenso permaneció mirando por la ventanilla, pero en cuanto pudieron moverse con libertad levantó el apoyabrazos, se acomodó contra él y apoyó la cabeza sobre su pecho.

—¿Así piensas viajar? —preguntó Ángel.

—Sí.

—Tenemos varias horas hasta California.

—Excelente. ¿Prefieres que me suba encima de ti?

Ángel sonrió y pasó un brazo alrededor de ella.

—Creí que aprovecharías para interrogarme… no para dominarme.

—Es porque no me dejaban subir las esposas en el avión —sonrió ella arqueando una ceja.

—Eso nunca te ha detenido —replicó Angel y Allison levantó la cabeza apenas lo suficiente para mirarlo.

—¿Te das cuenta de que no me conoces lo suficiente como para que las palabras “nunca” o “siempre” tengan sentido entre nosotros?

Por un segundo Angel se quedó pensativo, y no porque estuviera preocupado, sino porque entendía que sí, era demasiado pronto para que se sintiera como si aquella mujer hubiera estado a su lado incordiándolo toda la vida.

Allison sonrió casi con ternura y volvió a acomodarse contra él, cerrando los ojos; y no tardó ni diez minutos en quedarse dormida.

Ángel se quedó despierto durante buena parte del vuelo, observándola de vez en cuando; pero Allison despertó únicamente para cambiar de posición, beber agua y apropiarse todavía más de su espacio antes de volver a dormirse. Cuando finalmente aterrizaron en California, abrió los ojos desorientada y necesitó unos segundos para comprender por qué el avión ya no se movía.

—¿Llegamos? —preguntó—. ¿Dormí todo el viaje?

—Aterrizamos hace dos minutos, Bella Durmiente, y sí dormiste prácticamente todo el vuelo.

—Mmmmm… —ronroneó ella estirándose—. ¿Crees que soy bella?

—Más de lo que te conviene —suspiró él mientras Allison miraba alrededor y se desperezaba.

La escalerilla ya estaba preparada cuando salieron. Una camioneta esperaba junto a la terminal privada y una mujer se bajó apenas los vio aparecer. Allison se detuvo al mismo tiempo que Alejandra y ambas se reconocieron sin necesidad de presentaciones. Levantaron las manos simultáneamente y gritaron:

—¡CUÑADITAAAAA!

Se lanzaron la una hacia la otra con ese correr raro levantando las rodillas, y se abrazaron dando pequeños saltos como si fueran dos universitarias reencontrándose después de las vacaciones de primavera.

Ángel bajó los últimos escalones y se quedó mirándolas, incapaz de reconciliar aquella escena con las dos mujeres que conocía.

—¿En qué momento dos mujeres serias, adultas y hechas y derechas, CEOs de grandes empresas se convirtieron en adolescentes? —preguntó cruzando los brazos y la primera respuesta que obtuvo fueron los dos dedos del medio de su hermana levantándose en su dirección.

Y Allison se separó apenas de Alejandra para mirarlo.

—¡Aguafiestas!

—¡Amargado!

Ángel contempló a ambas con desconfianza y luego respiró profundo. ¡Ternurita! ¡Como si eso fuera a ayudarlo!

—Tengo miedo de subir a esa camioneta con ustedes.

—¡Están hablando sobre mí!

—Exactamente.

Cuando finalmente atravesaron las puertas de la propiedad familiar, Ángel parecía haber envejecido varios años. Allison, en cambio, contempló con interés la enorme mansión que apareció al final del camino y luego dirigió una mirada significativa hacia el hombre sentado a su lado.

—Ángel Reyes, chofer pobre —murmuró y él la miró inmediatamente.

—No empieces.

—No he dicho nada.

—¡Lo estás pensando muy fuerte!

Apenas entraron en la mansión, Allison descubrió que un médico ya estaba esperando a Ángel. Y Alejandra aprovechó la oportunidad para tomarla del brazo y apartarla de su hermano antes de que él pudiera protestar ¡otra vez!

—Perfecto. Él se queda aquí, revisión completa —anunció como si nada—. Mamá se enteró de que casi te mueres y llamó al médico. Tú te quedas, ella viene conmigo.

Él dirigió a su hermana una mirada irritada.

—¡A ella no te las llevas a ningún lado! ¡Y yo no casi me muero!

—¡Mentiroso! —lo acusó Alejandra como si tuvieran cinco años—. ¡Tu novia tuvo que sobornar a un médico por quince mil dólares para salvarte!

—¡No es mi...!

Y cuando las dos mujeres giraron lentamente la cabeza hacia él, Angel de alguna forma supo que su supervivencia dependía de que no terminara aquella frase.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: 7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS