30 DÍAS… CAPÍTULO 4. ¿Cuántas veces al día?
Allison lo sintió retroceder apenas su mano llegó a la bragueta de Angel Reyes. Lo había hecho a propósito, por supuesto, pero era necesario porque mucho decía de un hombre cómo se comportaba frente a una mujer sobre la que tenía todo el poder.
Sabía que se había negado al secuestro, sabía que Oliver lo había chantajeado con la enfermedad de su hermana, pero teniéndolo enfrente, tenía el presentimiento de que aquel hombre no era exactamente quien decía ser.
Se había dejado secuestrar para desenmascarar a su prometido, pero viendo la cabaña a la que Angel la había llevado, empezaba a sospechar que aquel secuestro podía significar mucho más.
—¿Cómo sabes que no quiero dinero?
Aquel gruñido que salía amenazante entre sus dientes la hizo salir de sus pensamientos para volver a la realidad, y Allison acabó señalando alrededor.
—Esta cabaña debe tener una valuación inmobiliaria de unos dos millones —declaró—. Seguramente estamos en medio de la nada, sin acceso a electricidad, pero la calefacción funciona perfectamente y eso solo puede venir de una planta eléctrica pesada, y eso tampoco cuesta poco. Así que… seas quien seas, tienes dinero, no necesitas el mío.
Ángel siguió la dirección de su dedo, la cocina, los ventanales antibalas, la chimenea de piedra, los muebles exclusivos.
—Jodido hay otro millón quinientos solo en equipo —murmuró Allison sonriendo—. Y además tienes buen gusto. Secuestrador, pero elegante. Ya me caes bien, conejito.
Ángel cerró los ojos, llevándose dos dedos al puente de la nariz para no ponerse a gritar.
¡Cinco minutos! ¡Llevaba cinco minutos despierta y ya había jodido toda la puta dinámica del secuestro!
Le dio la vuelta a la barra y encendió la estufa.
—¿Qué haces? —preguntó Allison.
—Tu maldito chocolate.
—Con leche.
Ángel giró lentamente la cabeza como si no pudiera creer que le estaba dando órdenes.
—¿Cómo más se puede hacer?
—Hay gente muy perturbada que lo hace con agua —advirtió ella apoyando la barbilla en las manos y Angel golpeó la encimera con la caja de leche, exasperado.
—¡Voy a empezar a considerar seriamente el sótano para ti!
—Ok, pero primero el chocolate.
Ángel preparó dos tazas porque necesitaba recuperar el control de algo, aunque fuera de la cocina, y finalmente empujó una hacia ella.
—Gracias. —Allison tomó un sorbo y soltó un gemido como si estuviera teniendo un orgasmo—. ¡Ah, está bueno!
—¡Pues ya tienes azúcar! ¡Ahora vas a escucharme! —espetó Angel golpeando la barra y ella levantó los ojos en su dirección.
—Te escucho, conejito.
—¡Que no me digas…! ¡Mierd@! —rezongó furioso—. ¡OK, mujer, presta atención! ¡Estás formalmente secuestrada, eso es un hecho! Estamos a miles de kilómetros de cualquier vida humana, en medio de un bosque donde han muerto un montón de gente perdida. No puedes salir de esta casa porque ni las balas atraviesan esos cristales, no puedes comunicarte con nadie, y no confundas el hecho de que te haya dado Coca—Cola y chocolate con bondad. ¡Tengo un sótano lleno de cucarachas y no me molestaría arrojarte allí!
Allison bajó lentamente la taza y asintió.
—Entendido.
¡Por fin! Ángel sintió una pequeña victoria, al menos hasta que ella abrió la boca de nuevo.
—Entonces solo tienes que decirme qué tengo que hacer para no terminar en tu sótano —sentenció cruzando las piernas como si estuviera negociando un contrato un martes cualquiera.
—¡Cuarta: no soy tu puto camarero, así que cocinarás tres veces al día si quieres comer! ¡Quinta, tendrás una hora al día el baño solo para ti! ¡Y sexta, limpiarás la cabaña una vez al día!
Allison apoyó los codos sobre la mesa.
—OK. ¿Y el sexo cuántas veces al día? —replicó y Ángel casi se atragantó con su propia saliva. Sus ojos se abrieron y tosió aparatosamente.
—¿Qué…?
—Sexo. ¿Cuántas veces?
—¡Ninguna! ¡No habrá sexo! —exclamó él y el rostro de Allison se descompuso.
Su barbilla hizo un puchero desesperado y ahí sí que se llevó una mano al pecho a punto de llorar. Y todos los gritos, súplicas y reclamos que Angel esperaba escuchar, lo abofetearon de una sola vez.
—¡Eres un animal! ¿¡Cómo puedes hacerme esto!? —vociferó Allison cubriéndose el rostro con ambas manos—. ¡Me exiges trabajo no remunerado! ¡Cocina! ¡Limpieza! ¡Sin salario! ¡Sin vacaciones! ¡Sin seguro médico!
—¡Estás secuestrada!
—¡Eso puedo tolerarlo! ¡¿Pero sin sexo?!
Ángel la miró, completamente perdido, y Allison apartó las manos y lo señaló con expresión devastada.
—¡Eso es inhumano! ¡Alguna compensación debería tener! —Ángel dio dos pasos hacia atrás y ella dejó escapar un sollozo espectacular—. ¡Esto no puede estar pasando!
—¿Estás... llorando de verdad?
Allison separó ligeramente dos dedos y lo miró entre ellos. No había una sola lágrima en sus mejillas, solo una expresión peligrosa que hizo a Angel achicar los ojos… y por primera vez se preguntó quién estaba encerrado con quién.

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