CAPÍTULO 114. Dos cosas a la vez
Jordan salió de la mansión Orlenko aquella tarde por primera vez sin escoltas pegados a los talones, médicos diciéndole qué podía hacer ni familiares preguntándole cada cinco minutos si se encontraba bien.
Katerina, sin embargo, tomó su bolso apenas lo vio dirigirse hacia la puerta.
—Voy contigo.
—Voy a la empresa. Necesito poner en orden y… distraerme —murmuró Jordan.
—Ya escuché.
—Probablemente estaré varias horas.
—También escuché eso, pero no quiero que estés solo y yo también necesito distraerme, aunque sea vigilando a mi ex. —Le hizo un guiño y ahí fue cuando Jordan supo que no le ganaría.
—Está bien —sonrió lentamente—. No puedo decir que no me guste que te preocupes por mí.
—No te hagas ilusiones… y no pongas esa cara —rezongó ella caminando hacia el auto.
—¿Cuál?
—La de un hombre que acaba de escuchar una declaración de amor.
—No dije nada.
—Tu cara sí.
Jordan soltó una carcajada y le abrió la puerta.
—Lo siento, mi cara es un ente independiente a mí cuando se trata de ti —respondió mientras se sentaba al volante, le revisaba tres veces el cinturón y solo entonces echaba a andar el auto.
La llegada a Blackwood Holdings fue mucho menos discreta de lo que Jordan había esperado. Apenas cruzó el vestíbulo, la primera recepcionista lo reconoció y se levantó de golpe.
—¡Señor Blackwood!... ¡Está caminando! —dijo emocionada y varias cabezas se volvieron.
En menos de un minuto había empleados acercándose para saludarlo, felicitarlo por su recuperación y decirle cuánto se alegraban de verlo caminando nuevamente. Jordan recibió cada saludo con una sonrisa, un poco sorprendido porque hasta ese momento se había acostumbrado a ser el CEO distante al que todos trataban con respeto; ahora de repente se daba cuenta de que había empleados genuinamente preocupados por él.
Katerina permaneció unos pasos detrás, observándolo.
—No sabía que te querían tanto —comentó cuando por fin consiguieron entrar al ascensor, y Jordan fingió sentirse ofendido.
—Soy encantador.
—Me estoy dando cuenta —rio ella, pero cuando las puertas se cerraron, recordó algo—. Jordan, tengo que hablar contigo de las acciones.
—¿Qué acciones? —preguntó él frunciendo el ceño.
—¿Las que pusiste a mi nombre durante tu paralítica emergencia?
—¿Sabes que tienes la lengua más dura y más fría que ese corazón de bruja? —suspiró él.
—Gracias. La cuestión es que ahora que todo terminó, te las devolveré.
—No.
Katerina achicó los ojos porque no sabía exactamente qué significaba eso.
—¿Cómo que no?
—¡Gracias a Dios! —exclamó y los gerentes comenzaron a levantarse.
—Continúen —pidió Jordan—. Yo solo vine de visit…
—¡De visita nada! —replicó Ángel recogiendo sus cosas mientras lo miraba bien—. Vienes sin bastón. “Sin bastón” igual “recuperado”. Así que a partir de ahora este asiento es tuyo.
Jordan sonrió mientras lo saludaba y le palmeaba el hombro.
—¿Tan mal lo pasaste?
—Prefiero saltar de un avión sin saber si el paracaídas funciona —aseguró Angel.
—¿Es broma? ¡Eres el heredero de un grupo enorme! —murmuró Jordan.
—Un grupo que mi madre todavía dirige con un puño de hierro ensangrentado… —exclamó Angel—. ¡Mierd@, qué dramático! En fin que mi madre todavía manda y yo me dedico a eliminar amenazas externas mientras hago estupideces en carros caros como James Bond. Así me gusta, las juntas no son lo mío. ¡Bienvenido de vuelta!
Casi casi parecía que iba a salir corriendo, pero mientras Jordan solo aceptaba aquella explicación y le agradecía por la ayuda de esos días, desde la puerta, Katerina era la única que no se tragaba ese cuento.
Jordan le dio un abrazo rápido a Angel, y en cuanto este atravesó la puerta ella se acercó a su exesposo y lo besó brevemente en la mejilla.
—Nos vemos en casa —dijo y él la miró sorprendido por el gesto.
—¿Te vas?
—Tienes trabajo… y yo presiento que tengo otra crisis que manejar. Te veré cuando termines.
Le hizo un guiño suave, y cerró la puerta mientras Jordan tomaba su lugar en la cabecera de la mesa, justo de donde nunca había debido salir.

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