CAPÍTULO 113. Un instinto especial
Jordan comprendió inmediatamente, y por mucho que aquello doliera, había decidido buscar la verdad, y la verdad era que una madre y su hijo habían sido separados después del parto, así que no tenía sentido buscar familias felices.
—Jasmine salió conmigo de ese hospital —murmuró en voz baja.
—Exactamente. Así que tu madre biológica tuvo que salir sin su bebé —respondió Kat tomando su mano, y Kolya levantó un dedo como si hubieran dado con la clave.
—Ese razonamiento me gusta —siseó y sus dedos volvieron a moverse—. OK, buscaremos muertes neonatales declaradas, fallecimientos maternos, adopciones, traslados...
La lista se redujo en un instante a cinco nombres.
—Cinco mujeres —anunció Kolya y Jordan se acercó más.
—Pero papá no reconoce el nombre de ninguna así que… ¿qué sabemos de ellas?
—Todavía poco, puedo armar unos expedientes, incluir la documentación médica y…
—¡El médico! —exclamó Jordan interrumpiéndolo, y todos lo miraron—. Jasmine tenía un arte especial para sobornar médicos, así que dudo mucho que Collins haya sido el primero. ¿Puedes buscar cuál de esas cinco mujeres era paciente del mismo médico que atendía a Jasmine?
Kolya hizo un gesto de reconocimiento hacia él.
—Eso es pensar como un cazador —dijo y aplicó un nuevo filtro, haciendo que los cinco nombres se redujeran a tres.
La biblioteca quedó completamente en silencio y Emerson se sentó despacio.
—Tres —murmuró y Kolya abrió los expedientes clínicos.
—Primer caso. —La pantalla mostró un registro—. Varón. Declarado muerto al nacer.
Jordan sintió que algo se retorcía dentro de él.
—¿La madre sobrevivió?
—Tampoco.
Jordan pasó saliva pero sabía que podía esperar cualquier cosa.
—Segundo. —Kolya abrió otro expediente—. La madre murió durante el parto. El bebé sobrevivió y fue entregado directamente al sistema de adopción.
—Entonces es poco probable —señaló Katerina—. Quedarían demasiados registros y…
—Y fue niña —advirtió su tío—. Entonces no sirve.
Kolya abrió el tercero y su expresión cambió.
—Este es extraño.
Jordan se acercó.
—¿Por qué?
—La madre presentó una crisis después del parto. El expediente habla de problemas psiquiátricos graves y fue trasladada a una institución especializada.
—¿Y el bebé? —preguntó Jordan de inmediato.
—Según el sistema consta fallecimiento. Fue un varón, así que también puede ser viable.
Nadie habló durante varios segundos y Emerson apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Entonces tenemos dos lugares por donde empezar —suspiró y Kolya asintió.
—Puedo reconstruir la vida de esas mujeres. Conseguir actas de defunción, mandar a exhumar cuerpos, seguir el rastro digital…
Pero mientras todos callaban, Katerina seguía mirando el último expediente.
—Jordan, ¿crees en la intuición?
—Creo en la tuya —respondió él sin dudarlo.
—Entonces busquemos a esa mujer. —Ella señaló el tercer expediente y Emerson frunció el ceño.
De repente se inclinó hacia la pantalla y sus manos se cerraron en puños.
—Bueno… si queríamos confirmar relación, acabo de encontrar pagos.
—¿Qué pagos? —preguntó Katerina intrigada, y Kolya abrió una serie de registros financieros.
—Esa paciente permaneció internada durante diez años. Y alguien pagó todo.
—¿Quién? —Emerson frunció el ceño.
—No hay nombres. La paciente estaba registrada bajo identidad falsa y los pagos siempre fueron en efectivo.
Pero a esas alturas nadie necesitaba preguntar quién había sido, quién había mandado a que la retuvieran una década en una institución mental; y Jordan sintió que se le revolvía el estómago.
—La mantuvo encerrada… Jasmine me arrancó de sus brazos y después pagó durante diez años para aislarla, para que no pudiera reclamarme. Entonces… —Su voz se quebró solo de pensarlo—. Entonces ella sí me quería.
No era exactamente una pregunta, era la esperanza de un niño pronunciada por un hombre adulto.
—¿Puedes averiguar dónde está? —le preguntó a Kolya y él volvió a teclear rápidamente, pero su expresión no era particularmente confiada.
—Fue dada de alta hace aproximadamente veinte años —respondió—. Después de salir de la institución, desapareció del sistema.
—¿Murió?
—No podemos saberlo, para empezar porque no sabemos si continuó como Lisa o como Elizabeth. Hay que rastrear los dos nombres y hay miles de esos en el país. Esa cacería en particular será más lenta —le avisó Kolya—. Pondré el Espejo a trabajar, pero tienes que tener paciencia. Han pasado veinte años, y veinte años de información es mucha información.
—¿El Espejo? —preguntó Jordan.
—La super computadora de mi tío —le respondió Katerina—. Si alguien existe o existió, El Espejo lo encontrará, pero programarlo toma tiempo.
Jordan sintió un nudo en la garganta difícil de explicar, pero apretó la mano de Kat como si ella tuviera toda la fuerza y la esperanza que él necesitaba en ese momento.
—Entonces esperaré. Esperaré…

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