A altas horas de la noche, el auto de Alejandro se alejó de la mansión.
En un exclusivo club nocturno.
Un grupo de amigos bebía alrededor de Alejandro. Uno de ellos, sentado en el otro extremo del sofá de cuero, sugirió:
—Alejandro, ¿qué tal si le damos una lección a Lucía García para que escarmiente?
Lucas le lanzó una mirada fulminante al tipo que acababa de hablar:
—Alejandro sabe lo que hace, ¡no te metas!
Alejandro no dijo una sola palabra; se llevó el vaso a los labios y se tragó el licor, dejando que el líquido abrasador le quemara la garganta.
Sin saber por qué, la imagen de Lucía llorando amargamente, arrodillada a los pies de Horacio García, apareció en su mente.
Que se olvide del asunto...
En ese momento, la mesera encargada de los salones VIP entró con una bandeja de bebidas. Al ver el rostro esculpido y perfecto de Alejandro, se quedó pasmada por un instante.
Pero se recuperó rápidamente y sirvió los tragos con una silenciosa reverencia.
Alguien en la mesa preguntó:
—Dicen por ahí que, si no te casas con Lucía, perderás el treinta por ciento de las acciones del Grupo Zavala. ¿Es cierto?
Alejandro bajó la mirada; en realidad, el Grupo Zavala le importaba muy poco.
Las manipulaciones de su abuelo ni siquiera le quitaban el sueño.
Su verdadero imperio estaba en Zavala Tech, Zavala Medical y el sector de entretenimiento, empresas de las cuales era dueño al cien por ciento.
Alejandro arrojó la botella vacía sobre la mesa de cristal con un golpe seco. Se puso de pie y comenzó a caminar hacia la salida.
—Me retiro...
—¿No te quedas un rato más, Alejandro?
—No.
Lucas de inmediato llamó a la única mujer presente en la sala:
—¿Sabes conducir?
La chica parpadeó sorprendida y asintió:
—Sí, sé manejar.
Lucas sacó unos cuantos billetes de su cartera sin siquiera contarlos, se los puso en la mano y le ordenó:
—Lleva a ese hombre sano y salvo a la mansión Zavala.
En ese momento, bajo la tenue luz de la sala privada, Lucas levantó la vista y notó que la mesera era excepcionalmente atractiva. No era la belleza artificial que solía verse en esos lugares; tenía un aura pura y deslumbrante, imposible de olvidar.

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