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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 495

Poco después de que Alejandro Zavala saliera, la tensión en el ambiente seguía tan pesada como antes.

Julio fue el primero en romper el silencio, dirigiéndose a su madre con un tono cargado de frustración:

—Mamá, creo que se le fue la mano con lo que dijo.

Cristina, con voz suave, se unió a su esposo:

—Señora Elena, sus palabras lo dejaron en una posición muy difícil.

—Casi pareció una humillación pública. Seguro es la primera vez que al señor Zavala lo regañan de esa manera frente a tanta gente —agregó Julio.

Elena frunció el ceño. Sabía que quizás había sido demasiado estricta, pero tenía motivos de sobra. Ya corrían rumores sobre los lazos entre los Zavala y la familia Valdés, con claras intenciones de matrimonio. Si permitía que su hija siguiera enredada con Alejandro, las críticas y los chismes no tardarían en destrozar a Lucía. Tenía que cortar el problema de raíz.

Cristina se giró de pronto hacia su cuñada:

—Lulú, ¿tú qué piensas?

Todas las miradas se clavaron en ella. Su madre también levantó la vista para observarla.

Lucía admitía que había sentido un poco de pena ajena por Alejandro tras las palabras de su madre. Pero, analizándolo bien, él se lo había buscado por aferrarse a ella. Se merecía todo lo que le estaba pasando.

—Pienso exactamente lo mismo que mamá —afirmó Lucía.

Al escucharla, Elena dejó escapar un suspiro de alivio en su interior.

Lo que no sabía era el nerviosismo que se escondía detrás de la respuesta de su hija. Alejandro era el tipo de hombre que, ante la menor presión, contraatacaba con más fuerza. Lucía estaba segura de que la situación no terminaría ahí.

En ese preciso instante, Alejandro regresó al comedor.

Su rostro no mostraba ni un rastro de enojo; con una expresión completamente serena, volvió a sentarse.

—Si usted cree que Lucía y yo no somos compatibles por los rumores de un arreglo entre la familia Zavala y los Valdés, puedo explicárselo...

—No es necesario. Haya o no un arreglo con los Valdés, mi decisión no cambia —lo interrumpió Elena con frialdad—. Lo de ustedes es imposible.

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