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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 79

Al día siguiente, surgió un problema legal con la empresa en Estados Unidos que requería la presencia física del representante legal.

Lucía tuvo que dejar todo de lado y tomar el primer vuelo internacional.

Aprovechó el viaje de trabajo para visitar a un viejo amigo. Para cuando regresó a Puerto Coral, ya habían pasado dos semanas.

El día de su regreso, el cielo estaba plomizo y caía una llovizna persistente sobre la ciudad.

Para su mala suerte, apenas puso un pie fuera de la zona de equipaje, se topó de frente con las últimas personas que quería ver en el mundo.

Alejandro Zavala y Jimena.

Alejandro llevaba una gabardina impecable que resaltaba su postura firme y elegante, mientras que Jimena lucía un delicado vestido de punto beige. En medio del bullicio del aeropuerto, formaban una pareja tan llamativa que atraían las miradas de los transeúntes.

Era evidente que regresaban de un viaje romántico.

Lucía sintió una punzada amarga al recordar que, en su vida pasada, Alejandro nunca la había llevado de viaje. Ni siquiera se había dignado a acompañarla a una simple fiesta.

Aceleró el paso para salir de la terminal lo antes posible. Afuera, el Mayordomo Pinos ya la esperaba con el auto de la familia.

Le entregó la maleta a toda prisa y se metió en el asiento trasero, queriendo desaparecer de ahí antes de que la vieran.

En cuanto Pinos subió al asiento del conductor, Lucía lo presionó: —¡Arranca, por favor, vámonos ya!

Casualmente, el Mayordomo Adolfo, de la familia Zavala, había llegado para recoger a su jefe y presenció toda la escena.

En ese momento, Alejandro salió de la terminal. Don Adolfo reconoció de inmediato a la mujer que caminaba a su lado. Era la señorita Jiménez. Su maquillaje era sutil y su aura serena, un contraste total con la actitud extravagante y caprichosa que siempre había caracterizado a Lucía García.

—Joven Alejandro, señorita Jiménez... —Don Adolfo se apresuró a saludarlos y abrió la cajuela del auto con el control remoto, dispuesto a tomar el equipaje de Jimena.

—No se preocupe, yo lo hago —dijo Jimena con una voz dulce y humilde—. Después de tanto tiempo viviendo sola en el extranjero, me acostumbré a hacer las cosas por mí misma.

Jimena siempre era cortés con todo el mundo y nunca actuaba como una princesa intocable.

Don Adolfo la miró con profunda aprobación. Pensó que una mujer así sería la futura señora Zavala perfecta.

Sentía que encajaba muchísimo mejor con su joven amo.

Por supuesto, el mayordomo no iba a permitir que ella cargara el peso. —¡Por favor, señorita Jiménez! Es usted muy amable, pero déjeme hacer mi trabajo.

Capítulo 79 1

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