Horacio se volvió hacia su hija menor y su tono se volvió más dulce: —Lo segundo, es que voy a dejarte suficientes acciones de la empresa para que vivas tranquila y puedas dedicarte a hacer lo que realmente te apasione, Lulú.
—Papá, no tienes que preocuparte por mí —respondió Lucía, rechazando la oferta sin dudarlo.
Después de todo, ella ya tenía su propia firma de inversiones en Estados Unidos, la cual estaba generando grandes ganancias. Jamás había tenido la intención de pelear por las acciones de la familia.
Al ver la determinación en el rostro de su hija, Horacio negó con la cabeza y sonrió. —Lo hablaremos cuando cambies de opinión. Por ahora, a comer.
Mientras cenaban, Julio volvió a sacar el tema de Pablo.
—Me dijeron en Recursos Humanos que contrataste a Pablo sin siquiera hacerle una entrevista formal, y que le ofreciste un sueldo millonario directamente. ¿Es cierto?
—¡Cof, cof, cof! —Lucía, que estaba tomando sopa, se atragantó de golpe.
¿Cómo iba a explicarles a su familia que sabía perfectamente de lo que Pablo era capaz porque venía del futuro?
Tanto Julio como Horacio la miraban fijamente, esperando una respuesta.
Lucía se limpió los labios con la servilleta y habló con la mayor naturalidad posible: —Cuando estaba en la universidad, vi a Pablo representar a su facultad en una competencia nacional de robótica. Él era el cerebro detrás del equipo que ganó el primer lugar. Siempre supe que tenía un talento extraordinario.
Era una verdad a medias. Pablo, en efecto, había sido una leyenda en una de las mejores universidades del país, pero ella realmente lo conocía porque, en su vida pasada, había sido uno de los hombres de confianza de Alejandro Zavala.
Al ver que su explicación tenía todo el sentido del mundo, Julio dejó de hacer preguntas y sus dudas se disiparon.
Después de cenar, Julio salió de casa.
Horacio se dirigió a su despacho para revisar unos documentos, pero antes de subir, le dijo a la empleada doméstica: —Por cierto, Doña Rosa, mañana no prepare cena para mi esposa y para mí. Tenemos una importante gala de negocios.
Doña Rosa asintió obediente.
Lucía se encerró en su habitación y abrió su computadora para una reunión por videollamada con sus socios en Estados Unidos.



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