Entrar Via

Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 80

Lucía recordó que el Día de las Madres estaba a la vuelta de la esquina y, con tanto trabajo, aún no había comprado nada. Por eso aprovechó la salida con Isabel para ir de compras.

Después de almorzar en el tercer piso del centro comercial, bajaron a la planta principal. Lucía entró a una prestigiosa joyería y eligió dos lujosas pulseras de oro macizo.

—¿Por qué compras dos? —preguntó Isabel, curiosa.

—Una es para mi mamá y la otra para mi cuñada.

Isabel frunció el ceño. —Comprar esto ahorita es un error. Seguro es una trampa de consumismo de las joyerías.

Lucía rio para sus adentros. Pensó: «Si logré esquivar las trampas de los hombres tóxicos en mi vida pasada, ¿qué me va a dar miedo una trampa de mercadotecnia?».

—No te preocupes, el valor del oro va a subir muchísimo pronto.

Lucía sonrió al saber la verdad. Sacó su teléfono, pagó sin pensarlo dos veces en la aplicación y luego arrastró a Isabel por varias tiendas de diseñador, comprando tantas cosas que se aseguró de no tener que pisar un centro comercial en al menos dos meses.

Al final, agotadas de tanto caminar, se dejaron caer en las sillas de una elegante cafetería.

Isabel le dio un sorbo a su bebida fría y, al ver las bolsas de la joyería, comentó al azar: —¿Y por qué no te compraste una pulsera para ti? Ah... ya me acordé, a ti no te gustan las pulseras rígidas, prefieres las cadenitas de color rosa.

Al escuchar eso, Lucía se quedó helada por un segundo.

—Oye, es cierto, hace mucho tiempo que no usas nada en las muñecas, ¿verdad? —Isabel le tomó la mano para observarla. La piel de Lucía era radiante y suave, pero sus muñecas estaban completamente desnudas.

Lucía retiró la mano suavemente. —Ya estoy grande para andar usando cosas tan llamativas.

Apenas dijo eso, una mujer joven que estaba en la mesa de al lado la miró de forma extraña. Lucía se dio cuenta de lo ridículo que sonaba decir eso a su edad y le dedicó a la mujer una sonrisa avergonzada.

En ese momento, su teléfono comenzó a sonar. Al ver la pantalla, se quedó paralizada.

Dejó que sonara un par de veces antes de contestar.

—¿Don Guillermo?

Del otro lado de la línea, la voz enérgica del abuelo de los Zavala resonó con fuerza: —¡Lulú! ¿En qué andas tan ocupada? ¿Hace cuánto que no vienes a ver a tu abuelo, eh? Te extraño muchísimo...

—Abuelo, yo... —Lucía se quedó sin palabras.

Al escucharla, Isabel supo de inmediato con quién estaba hablando. El verdadero abuelo de Lucía había fallecido hacía años; el único hombre al que llamaba «abuelo» era el patriarca de la familia Zavala.

Capítulo 80 1

Capítulo 80 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero