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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 77

La oscuridad a su alrededor era tan densa que parecía asfixiarlo, como algodón empapado en tinta negra que le cortaba la respiración. Ni siquiera al estirar los dedos podía rozar un ápice de luz.

Lo único visible era un antiguo pergamino colgado en la pared, con los bordes salpicados de manchas de moho, como si ocultara un siglo de polvo y secretos. No se podía ver la obra completa, pero en la esquina inferior derecha se distinguía vagamente una palabra: «MA».

Alejandro Zavala solo sabía que estaba sentado en el centro de esa habitación, con la mirada clavada en esa palabra dentro de su propia pesadilla.

Hasta que abrió los ojos.

Despertó de golpe, con el pijama empapado en un sudor frío.

Al mirar el reloj, vio que casi daban las siete. Tras darse una ducha y arreglarse, bajó las escaleras. Doña Leonor, su madre, estaba leyendo el periódico mientras el mayordomo y las empleadas servían el desayuno.

—¿Se te pegaron las sábanas hoy? —preguntó Doña Leonor al verlo bajar, con tono de genuina preocupación.

Alejandro asintió levemente y se dirigió al ama de llaves: —Don Adolfo, ¿cuánto tiempo hace que mi madre no se hace un chequeo médico? Llévela al hospital para una revisión completa.

El mayordomo Adolfo parpadeó, sorprendido, pero asintió de inmediato: —Enseguida, joven Alejandro.

Doña Leonor le lanzó una mirada fulminante a su hijo y bajó el periódico, claramente fastidiada. —¡Estoy perfectamente bien! ¿Para qué voy a ir al doctor? Solo me vas a hacer perder el tiempo.

Sin inmutarse, Alejandro le dio instrucciones precisas a Don Adolfo: —Acompáñela en todo momento y avíseme en cuanto tengan los resultados.

Dicho esto, se sentó, desayunó algo rápido, tomó su café y salió hacia la oficina.

Cuando Doña Leonor terminó de desayunar y se disponía a levantarse, Don Adolfo se inclinó respetuosamente y le dijo: —Señora, el joven Alejandro solo se preocupa por su salud. El auto ya está listo, por favor, acompáñeme.

Doña Leonor suspiró profundamente. Estaba visto que ese día no podría librarse de la visita al hospital. Resignada, tomó su bolso de diseñador y subió al coche.

Al llegar a la prestigiosa clínica privada, los especialistas ya la estaban esperando. Al ser pacientes VIP, no tuvieron que hacer ni un minuto de fila. Todo salió a la perfección.

Capítulo 77 1

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