La señora Fonseca las miró sorprendida y comentó:
—Ah, ¿se conocen?
Al darse cuenta de la tensión en el ambiente, intentó decir algo para calmar las aguas.
—¡Quién querría conocerla! —soltó Isabel Luna. Como ya habían terminado con sus uñas, tomó a Lucía del brazo y la jaló hacia la salida—. Vámonos. Estar un segundo más compartiendo oxígeno con este tipo de gente contamina el ambiente. Qué mala vibra.
En ese momento, Jimena no tenía tiempo para lidiar con la actitud de Isabel. En cuanto salieron, se quedó pensativa y sacó su teléfono para hacer una llamada rápida, pero nadie contestó.
La señora Fonseca, que era bastante astuta, notó su nerviosismo y le dijo en tono servicial:
—Señorita Jiménez, si le interesa saber más sobre la situación interna de Bellissima, conozco a alguien que podría darnos información de primera mano.
Jimena asintió con seriedad.
—Se lo agradecería muchísimo, señora Fonseca.
Tras un par de llamadas y un poco de insistencia, la verdad salió a la luz. Bellissima Cosméticos parecía brillar desde afuera, pero su estructura era frágil: tenían problemas graves de liquidez, la reputación de sus productos aún no despegaba y necesitaban inyectar capital constantemente para sobrevivir. Mantener esas acciones iniciales a largo plazo no garantizaba ganancias; de hecho, era un riesgo enorme.
El rostro de Jimena se palideció al escuchar los detalles, pero se negó a aceptarlo.
—Bellissima tiene unas proyecciones excelentes. ¿Cómo es posible que estén en problemas?
La persona al otro lado de la línea suspiró.
—Solo te lo advierto de buena fe. No esperes a tener todo tu dinero atrapado ahí cuando quieras salir y ya no puedas.
Jimena se quedó helada. No estaba dispuesta a perder dinero, y mucho menos a quedar como una fracasada frente a Alejandro Zavala. No podía permitirse el lujo de cometer un error tan patético ante sus ojos... Sin pensarlo más, se levantó de la silla, dejando su manicura a medias.
...
Afuera, Isabel Luna pidió dos ensaladas ligeras para almorzar y miró a Lucía con curiosidad.
—Oye, ¿de verdad a esa marca Bellissima le va a ir tan mal?
Lucía asintió con calma.
—Así es.
—¡Entonces debiste aguantarte la risa! ¡Con tu sonrisita le diste la pista! —se quejó Isabel, frustrada—. Habría sido mucho mejor dejar que perdiera todo su dinero.
Lucía esbozó una sonrisa traviesa.
—No te preocupes. En cuanto ella entre en pánico y venda sus acciones, la empresa empezará a repuntar.
Y era cierto. En el futuro, Bellissima se convertiría en una de las principales marcas de la industria cosmética nacional, su valor en bolsa se dispararía por las nubes y terminaría siendo un imperio que nadie se atrevería a subestimar.
—Si lo piensas bien... Jimena sí tiene buen ojo para los negocios.
En su vida pasada, Jimena también había vendido sus acciones por miedo. Lo único que Lucía había hecho hoy fue acelerar su decisión.



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