A los pocos días, Leonor de Zavala se enteró de la lluvia de pretendientes que acosaban a la familia García, así que buscó a Lucía de inmediato.
Lucía estaba en la oficina cuando recibió la llamada de Leonor, quien la citó en una cafetería elegante.
Leonor tomó las manos de Lucía entre las suyas y le dijo con tono maternal:
—Lucía, cariño, que tú estés con Camilo y Alejandro con Jimena es lo mejor que pudo pasar. ¡Siento que me gané dos hijas de golpe!... Esta es la ventaja de tener dos niños. No sabes cómo envidiaba a tu madre por tener el niño y la niña, pero ahora mírate, ¡tengo el combo doble!
Leonor estaba sumamente complacida con la actitud comprensiva de Lucía, que no había armado ningún escándalo de celos por lo de Jimena y Alejandro.
Ya que las cosas estaban en paz, esperaba que Lucía siguiera siendo así de "razonable".
El abuelo Zavala solo se había calmado porque creía que Lucía y Camilo estaban saliendo formalmente. Si ella se echaba para atrás ahora y empezaba a aceptar pretendientes, ¿qué pasaría si a Don Guillermo le daba otro coraje?
—Ricardo también dice que has madurado muchísimo y que te has vuelto muy sensata... —continuó Leonor.
Lucía mantuvo una expresión neutral. Sabía perfectamente que el Ministro Ricardo Zavala había sido el primero en aceptar a Jimena.
Jimena era la directora de una fundación benéfica internacional en Estados Unidos y tenía un prestigio intachable. El círculo de damas de sociedad en el que se movía Leonor no paraba de alabar a Jimena, destacando su belleza, su buen corazón y sus impresionantes credenciales académicas.
Con tantos halagos a su alrededor, los prejuicios de Leonor se esfumaron por completo.
¿Quién podría quejarse de una nuera con ese currículum?
—Sé que tú y Jimena eran grandes amigas en el pasado. Ella es tan dulce y educada, estoy segura de que se llevarán de maravilla.
Lucía esbozó una sonrisa cortés, pero no respondió.
Con mucha sutileza, retiró sus manos de las de Leonor, tomó su taza de café con naturalidad y le dio un pequeño sorbo.
Ese tenía que ser el chiste más estúpido que había escuchado en su vida.
Leonor probablemente sospechaba que lo de Camilo era una farsa, pero estaba dispuesta a fingir que era real con tal de proteger a su hijo mayor.
—Doña Leonor... entiendo perfectamente lo que me quiere decir.


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