Al regresar al país y antes de conseguir trabajo, Jimena pasaba mucho tiempo en casa «cultivando su espíritu», lo cual en realidad significaba ver las glamorosas fotos de Lucía en Instagram. Parecía que su vida no tenía problemas: subía carruseles de fotos perfectas, y en la mayoría de ellas, se asomaba la imponente figura de Alejandro Zavala...
Jimena recordaba a su yo del pasado con una mezcla de envidia y frío cálculo.
En ese entonces solo podía ser una espectadora, pegada a una pantalla, buscando cualquier rastro de Alejandro en las fotos de otra.
¡Por suerte, desde que Alejandro la desechó, Lucía ya no publicaba nada!
Una satisfacción indescriptible inundó el pecho de Jimena.
Era como si, de la noche a la mañana, ella y Lucía hubieran intercambiado sus vidas.
Jimena abrió el chat con Alejandro y le escribió:
«Alejandro, ¿ya tienes todo listo para el viaje a la isla?»
Pensó un momento y añadió un mensaje con doble sentido:
«No estoy segura de qué empacar... ¿debería llevar trajes de baño?»
Al fin y al cabo, iban a una isla, la pregunta era lógica.
Jimena esperó la respuesta con el corazón latiendo a mil por hora.
Al poco tiempo, Alejandro vio el mensaje y le respondió con una nota de voz directa:
—Perdón, surgió un proyecto nuevo en la empresa y tengo que liderarlo en persona. No podré salir de la ciudad en estos días...
—No te preocupes, el trabajo es primero —respondió Jimena. Sabía de ese proyecto importante, pero no imaginó que arrancaría justo ahora.
Aunque estaba decepcionada, mantuvo su papel de mujer comprensiva:
—Entonces iré a verte a la oficina...
—Está bien.
...
Al día siguiente, Camilo Zavala invitó a Lucía a ver unas carreras.
Camilo pasó a recogerla en su motocicleta deportiva. El motor rugió con un sonido grave e imponente, pero apenas Lucía posó sus ojos en el vehículo, sintió que el corazón se le desplomaba.
Esa era la motocicleta... la misma en la que Alejandro se había estrellado en su vida pasada, cuando perseguía a Jimena hacia el aeropuerto.
Se puso el casco y subió en silencio al asiento trasero.
El viento aullaba en sus oídos y el ruido se distorsionaba, evocando los fragmentos rotos de su memoria.
La mente de Lucía se nubló. De pronto, recordó el día de su boda en aquella otra vida. El cielo estaba gris y llovía a cántaros; el pavimento era una trampa mortal.

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