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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 130

Lucía soltó una carcajada cristalina.

Llegaron al primer piso y salieron del ascensor. Zacarías la miró con una sonrisa.

—Mírate, mi niña, has madurado muchísimo. Mi cuñado dice que te has vuelto indispensable en la empresa y que estás haciendo cosas increíbles.

—Pero también recuerdo que alguien dijo una vez que, cuando una persona madura de golpe, es porque tuvo que pagar un precio muy alto...

Lucía se quedó paralizada. No fue por las palabras de su tío, sino porque sus ojos se toparon con la puerta giratoria.

Maribel Quintana acababa de entrar al lobby.

Zacarías seguía hablando, sin darse cuenta de nada.

Lucía se llevó la mano al cubrebocas para ajustarlo y luego la bajó despacio.

Su tío, con el brazo aún sobre sus hombros, la guio hacia la salida. Al verlos pasar, Maribel, por puro instinto de servicio, se detuvo y bajó la mirada con respeto...

Lucía cruzó la puerta giratoria y salió al aire frío de la noche sin mirar atrás ni una sola vez.

El taxi que habían pedido aún no llegaba. Zacarías estaba a punto de encender otro cigarrillo cuando divisó a lo lejos la inconfundible camioneta SUV negra de Alejandro Zavala.

Con el cigarrillo entre los dientes, Zacarías agitó la mano hacia el vehículo y murmuró en tono burlón:

—Ahí viene el desgraciado.

No sabía si Alejandro lo había escuchado.

Alejandro bajó la ventanilla. Su mirada se posó en Lucía, que estaba de pie bajo el viento nocturno, vistiendo una sudadera grande, pantalones color crema y con el cabello ligeramente despeinado. A diferencia del deslumbrante vestido de gala que llevaba por la tarde, ahora irradiaba un aire completamente relajado.

Zacarías sonrió y empujó ligeramente a Lucía hacia la camioneta.

—¡Qué coincidencia! Llévala a casa, ¿quieres? Ya es tardísimo y no me gusta que ande en taxi a esta hora.

Lucía retrocedió medio paso, frunciendo el ceño por debajo de su mascarilla.

—No, gracias, de verdad...

Alejandro se inclinó desde su asiento y, con su largo brazo, abrió la puerta del copiloto desde adentro.

—Sube.

—Tío, en serio, no es necesario...

Zacarías ignoró sus protestas. Empujó a Lucía directamente al asiento del copiloto, jaló el cinturón de seguridad, la abrochó y empezó a hablar sin parar:

—Prefiero mil veces que te lleve él a que tomes un taxi a esta hora. Además, ¿no dijiste que no sentía el más mínimo interés por ti? ¡Pues mucho mejor! Si lo sintiera, ni de broma dejaría que te llevara.

Lucía no podía creer las cosas que soltaba su tío por la boca. Se sintió tan humillada que no sabía dónde esconder la cara.

Al segundo siguiente, la puerta se cerró de un portazo.

Ya dentro del coche, Lucía percibió un ligero aroma a perfume de mujer. Era exactamente la misma fragancia que había sentido al pasar junto a Maribel Quintana en el lobby...

Jamás se imaginó que Alejandro hubiera llevado a Maribel personalmente al hotel.

Aunque, pensándolo bien, tenía sentido...

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