Al día siguiente, durante el fin de semana.
Como habían contratado personal para hacer una limpieza profunda en toda la casa, Lucía García decidió salir a una librería a leer un rato.
Estaba tan inmersa en su lectura cuando, de pronto, sintió un golpe seco en el codo.
—¡Perdón! —dijo una voz femenina y fría, que no tenía ni una pizca de arrepentimiento.
Jimena Jiménez había ido a comprar un par de libros y, al ver a Lucía en un rincón del tercer piso leyendo un grueso libro especializado, se acercó a propósito.
—¿Ahora te da por leer? Dime que estoy viendo mal, Lucía. No hay nadie aquí, ¿para qué sigues fingiendo? Lo tuyo es irte de compras, vaciar las tiendas de diseñador... eso es lo que mejor te queda.
Lucía levantó la vista.
—No te preocupes por mí.
—Tantos años viviendo de arrastrada y de repente decides parar... y ahora resulta que lees. Ja...
Daniela, que venía con ella, la miró con desprecio.
—Prima, déjala. Solo es una copiona, quiere ser como tú.
Lucía no esperaba encontrarse con Jimena ahí. Se giró un poco y la ignoró.
Pero Jimena no pensaba dejarlo pasar.
—¿Cuándo vas a devolver el anillo? Si fueras inteligente, te darías cuenta de que retener la joya de la familia Zavala te hace ver patética. ¿No crees?
Lucía sonrió levemente.
Era justo lo que Alejandro Zavala le había dicho el día anterior: que a ella no le importaría.
Lucía cerró el libro de golpe.
—Voy para la mansión de los Zavala en este instante. ¿Quieres venir?
Jimena la miró con frialdad.
—¿Me estás presumiendo que tú puedes ir a ver a Don Guillermo y yo no? ¿Es eso?
—Pensé que estabas desesperada por tenerlo en tus manos apenas yo lo soltara... Ya que te urge tanto, acompáñame.
—...
Jimena apretó los dientes. Al ver que no lograría humillarla, dio media vuelta y se alejó.
Daniela dio unos pasos detrás de ella, pero luego regresó corriendo para plantarse frente a Lucía.
—Mi prima y su futuro esposo se van a ir de vacaciones a una isla privada. Solos los dos. Quién sabe, tal vez para cuando regresen, mi prima ya esté esperando un bebé.
Lucía tenía planeado no reaccionar sin importar lo que dijeran, pero al escuchar la posibilidad de que Jimena quedara embarazada, su cuerpo se tensó imperceptiblemente.
Daniela notó ese sutil cambio en su expresión.
Creyendo que por fin había dado en el clavo, se emocionó:


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero