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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 117

Tras los consecutivos días de alza máxima en la bolsa, los productos del Consorcio García se convirtieron en un rotundo éxito de ventas.

Coincidiendo con la inminente boda de Julio, Horacio García aprovechó la oportunidad para retirarse y pasarle oficialmente el mando de la empresa a su hijo.

Al mediodía, Lucía decidió salir a comer. Apenas entró al restaurante, se encontró de frente con Alejandro Zavala, Jimena, su madre Margarita y su prima Daniela. Margarita estaba inclinada hacia Alejandro, diciéndole algo al oído, y él asintió con una leve sonrisa.

Como eran un grupo grande, los acomodaron en un área privada.

Lucía, en cambio, iba sola.

Pero ni siquiera estando sola pensaba escatimar en gustos. Recordó cómo, en su vida pasada, había terminado en los huesos, incapaz de asimilar ningún nutriente, así que decidió pedir un banquete entero solo para ella.

Sin embargo, justo antes de empezar a comer, recibió una llamada urgente del trabajo.

—Señorita García, uno de nuestros clientes más antiguos acaba de ampliar su pedido. El señor Julio no está en la oficina y el Presidente Cisneros acaba de llegar, necesitamos que lo atienda personalmente.

Sabiendo que el trabajo era su prioridad, Lucía no llegó a probar ni un bocado. Se levantó de inmediato y se marchó.

Jimena ya había notado que Lucía había llegado sola al restaurante. Cuando salió al pasillo para ir al baño, se dio cuenta de que Lucía ya no estaba en la sala principal y los meseros estaban retirando los platos intactos.

Se quedó perpleja.

Daniela, que acompañaba a su prima, escuchó a dos meseras cuchicheando justo antes de entrar al baño:

—La señorita García ordenó una mesa entera de comida, pagó la cuenta y se fue sin probar absolutamente nada.

—Entonces, ¿a qué vino?

—A lo mejor vio a alguien que le quitó el apetito. Esa muchacha de la familia García sí que tiene carácter, desperdiciando comida en un restaurante de cinco estrellas.

Cuando Jimena y su prima entraron al baño, las meseras guardaron silencio de inmediato y salieron a toda prisa, con la mirada clavada en el suelo.

Una vez solas, Daniela le susurró a su prima:

—Te apuesto lo que quieras a que Lucía te vio con Alejandro y se puso tan furiosa que no pudo ni tragar saliva. Por eso se largó.

Jimena sonrió. Ella pensaba exactamente lo mismo.

Esa indiferencia que Lucía mostraba hacia Alejandro era una farsa monumental.

Una simple máscara de frialdad que se obligaba a mantener para no quedar en ridículo.

¡Quién sabe qué tantas pestes estaría maldiciendo en su mente en ese momento!

Al llegar a esa conclusión, el humor de Jimena mejoró de inmediato.

—No le prestemos atención, volvamos a la mesa a disfrutar la comida...

Por otro lado, Lucía ya había regresado a la oficina y recibido al Presidente Cisneros.

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