—El nido de amor lo deben decorar ellos mismos. No es bueno que la cuñada se meta demasiado en esas cosas.
Lucía tenía muy claros los límites.
Leo titubeó antes de preguntar:
—¿Cómo es la prometida de Julio? ¿Cree que le moleste que yo siga viviendo aquí? Por favor, hable con ella, yo solo vengo a dormir durante mis vacaciones.
A Lucía le sorprendió que estuviera preocupado por eso:
—Te aseguro que vas a querer a mi cuñada mucho más de lo que me quieres a mí.
En su vida pasada, Leo siempre había sido un chico muy listo y considerado, y después de la boda, Cristina lo había tratado con muchísimo cariño. Incluso en la época en que Lucía estaba obsesionada de forma tóxica con Alejandro Zavala, ignorando por completo la crisis financiera de su familia, fue el propio Leo quien, lleno de indignación, se atrevió a confrontarla en nombre de su hermano y su cuñada para que entrara en razón.
—Qué falta de respeto la tuya...
Lucía levantó el dedo índice y le dio un golpecito en la frente.
Leo se frotó la cabeza, confundido:
—¿Qué dije? ¿Cuándo le falté al respeto?
Lucía cambió de tema rápidamente:
—¿Qué planes tienes para mañana?
—Iré a salir por ahí con mis amigos de la universidad.
—Cancela tus planes. Mañana vas a acompañar a mi papá al hospital para que le hagan un ecocardiograma.
Al recordar su vida anterior, la imagen del infarto de su padre pasó por la mente de Lucía, causándole un escalofrío que no pudo evitar.
Aunque sabía que en esta nueva vida esa tragedia no se repetiría, ya que el Consorcio García no caería en bancarrota y su padre no sufriría ese coraje mortal, de todos modos...
Prefería estar cien por ciento segura con un buen chequeo médico.
—Asegúrate de llevar sus papeles del seguro médico, su termo con agua... y que el mayordomo los acompañe también.
Leo se dio unas palmadas en el pecho, prometiendo:
—No se preocupe por nada, señorita. Yo me encargo de vigilar al Presidente García; apenas terminemos los estudios, le mandaré un mensaje.
—Perfecto, confío en ti.
Sin embargo, al día siguiente, mientras Lucía trabajaba en su oficina, recibió una llamada de Leo:
—Señorita Lucía, el señor recibió una llamada y tuvo que salir corriendo. Parece que hubo un problema grave en una de las fábricas.
Lucía se quedó en silencio un par de segundos:


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