Por teléfono, Gustavo Beltrán solo le había dicho que Julio había golpeado a Alejandro, así que ella asumió de inmediato que él era el único herido.
En ese momento, el mayordomo se acercó y dijo en voz baja: —Señora, es el patrón en el teléfono...
La señora García caminó apresuradamente para contestar.
Lucía miró a su madre y dio media vuelta, dispuesta a salir corriendo hacia el hospital.
Pero justo cuando estaba por subirse al auto, el vehículo de Julio entró a la propiedad.
Al verlo bajar, con el rostro molido a golpes y un aspecto miserable, Lucía se tapó la boca con horror.
La versión de Gustavo había sido una verdad a medias.
Eso no era "Julio golpeó a Alejandro".
¡Eso era que Alejandro le había dado a Julio la paliza de su vida!
¡Nadie se salía con la suya cuando se trataba de Alejandro Zavala!
¡Las heridas de Julio eran diez, cien veces peores que el leve rasguño de Alejandro!
Y pensar que Lucía había sido tan estúpida como para limpiarle la herida. Debió haberle presionado el corte con fuerza, para que se le infectara y jamás sanara.
Con los ojos inyectados en sangre, Lucía sollozó: —¡Julio...!
Julio levantó una mano, le acarició el cabello y forzó una sonrisa: —Estoy bien.
Su madre lo miraba, suspirando de pura impotencia.
Poco después llegó Horacio. Bajó del auto con el rostro petrificado, ignoró por completo las brutales heridas de su hijo y, al pasar junto a ellos, ordenó secamente: —Julio, ven a mi despacho.
La señora García intentó detenerlo: —¿No pueden hablar mañana? ¡Déjalo descansar!
Pero Horacio no escuchó razones y prácticamente arrastró a su hijo al estudio.
En cuanto la puerta se cerró, los gritos estallaron. Horacio lo destrozó a regaños, reclamándole que, a su edad, siguiera actuando como un animal impulsivo y sin sentido común.
Ahogado en frustración, Julio le confesó todo: cómo Alejandro había acusado injustamente a Lucía sin una sola prueba.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero