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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 107

Al día siguiente, Lucía llegó a casa después del trabajo.

Al entrar a la sala, escuchó a la señora García preguntando con evidente preocupación: —Pero, ¿esa línea de negocios no la hemos manejado nosotros siempre?

Horacio, al ver llegar a su hija, le hizo una seña a su esposa para que guardara silencio.

Sin embargo, la señora García se dirigió a Lucía: —Lulú, ¿por qué no llamas a Alejandro? Tu hermano se peleó a muerte con él y se niega a hacerlo. A tu padre no le parece correcto rebajarse a hablar con un joven como él. Pregúntale por qué le entregó ese proyecto a la familia Jiménez.

Lucía se quedó paralizada un instante. —Mamá, no tenemos tanta confianza.

Desde que había renacido, Lucía había eliminado el número de Alejandro de su teléfono. Pedirle ahora que tomara la iniciativa de llamarlo era simplemente impensable.

La señora García insistió: —Antes te pasabas la vida pegada a él llamándolo 'Alejandro esto, Alejandro lo otro'. ¿Cómo que ahora no tienen confianza?

—Eso era antes. Desde que él se interesó en Jimena, dejamos de ser cercanos.

La señora García se quedó sin palabras. No sabía si aplaudir la dignidad de su hija o maldecir a sus dos hijos por haber ofendido a Alejandro y arrastrar a la familia con ellos.

Horacio sonrió, le palmeó el hombro a Lucía y, dándole toda la razón, dijo: —Ve a lavarte las manos para cenar. Hoy tu hermano no vendrá.

—Sí, gracias, papá.

Lucía agradeció infinitamente que su padre no la forzara a hacer algo que detestaba, y fue a prepararse para la cena de buen humor.

Pero al día siguiente, Horacio llegó a casa con el rostro ensombrecido por una furia helada. Cualquiera podía notar que algo andaba muy mal.

—¿Qué pasó? ¿Quién te hizo enojar de esta manera?

La señora García corrió hacia él, tomándole el maletín, con la voz cargada de angustia.

—Todo es culpa de ese infeliz de Alejandro Zavala... —Horacio se detuvo de golpe. Miró hacia las escaleras para asegurarse de que Lucía no estuviera cerca antes de continuar—. Ya me quedó claro. Ese mocoso está decidido a entregarle todos los negocios a Víctor Jiménez. No me va a dejar ni las sobras.

Lucía, escondida en la penumbra del pasillo de arriba, escuchó todo. Era exactamente lo que esperaba.

Sabía que tarde o temprano llegarían a este punto.

Sus padres se decepcionarían, era inevitable.

Ya no le dolía la crueldad de Alejandro; lo que le rompía el corazón era ver la frustración de sus padres.

Lucía dio media vuelta y regresó a su habitación.

Capítulo 107 1

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