—Alejandro, ¿estás bien?
Lucía se tragó la impaciencia que le hervía por dentro y fingió preocupación.
Sin embargo, sus pies parecían estar clavados al suelo; no dio ni un solo paso hacia él.
Alejandro le sostuvo la mirada, con el cigarrillo entre los labios y una frialdad abismal en sus ojos oscuros.
El altercado había ocurrido hacía poco. La seguridad llegó rápido y se llevó a Julio a rastras. Gustavo Beltrán intervino para calmar las aguas y terminó acompañando a Julio al hospital.
Al ver que Alejandro no decía una palabra, Lucía sintió el impulso de dar media vuelta y largarse. Pero... si se iba ahora que su hermano lo había golpeado, le estaría entregando en bandeja de plata la excusa perfecta para destruir al Consorcio García.
En este momento, la empresa de su familia no era lo suficientemente fuerte para resistir un ataque del Grupo Zavala.
Sabía que tarde o temprano Alejandro iría tras ellos, pero cada día que lograra retrasar ese golpe era un día más para asegurar su supervivencia.
Con esto en mente, Lucía sofocó sus ganas de huir. Con un tono falsamente sincero, dijo: —Lo siento muchísimo. Te pido una disculpa en nombre de mi hermano. ¿Está muy grave tu herida?
Alejandro soltó una carcajada seca.
Nadie sabía de qué demonios se estaba riendo.
—¿Quieres que te limpie la herida?
—Creo que sería mejor vendarla...
Alejandro notó cómo se quedaba petrificada a un par de metros de distancia, diciendo palabras vacías sin hacer el menor esfuerzo por acercarse.
Tiró el cigarrillo al suelo y, con una actitud deliberadamente desafiante, dijo: —¿Entonces qué esperas para acercarte?
Lucía se quedó paralizada.
No le quedó de otra que forzar una sonrisa y caminar hacia él.
En todo este tiempo, era la primera vez que tomaba la iniciativa de acercarse a él.
Intentó actuar con la misma ligereza de antes, buscando destensar el ambiente.
Pero, al parecer, sus dotes de actriz eran pésimas.
Alejandro la miró fijamente. Sus ojos eran como un pozo oscuro y, con un rostro inexpresivo, sentenció: —No sonrías si no quieres. Nadie te está obligando.
La atmósfera se volvió asfixiante.


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