Entrar Via

Relatos cortos romance Capítulo 25

—Ya lo verás, pero lo primero que debes de hacer es abrir un poco tus piernas. —Le doy la espalda y recojo la bolsa que tiré en cuando entré a su habitación, saco un pequeño folder y se lo tiendo—. Es el contrato, para nuestra pequeña sociedad, por decirlo de algún modo, revísalo en lo que te coloco unas cosas que compré —me explico, ella lo toma y comienza a leerlo de inmediato, conforme sus ojos pasan de hoja, veo que su expresión se vuelve más dura.

Saco de la bolsa unas pequeñas pinzas junto con un collar de cuero, me acerco a ella y mientras lee el contrato se lo coloco alrededor de su cuello, estoy por colocarle las pinzas cuando me empuja del pecho.

—Este contrato no es nada justo, quiero igualdad de condiciones. Decide ambos tenemos derecho a tener otras parejas o bien seremos exclusivos durante la vigencia de este —me recrimina con el entrecejo fruncido y justo como lo quería, he logrado comprobar que tan posesiva es en ciertos aspectos—; además, en el trabajo debemos de mantenernos alejados, nuestra relación dentro de la empresa será de jefa - empleado.

—Puedo ceder en lo de la exclusividad, no tendremos otras parejas durante el tiempo de nuestra relación. En cuanto a lo de la empresa no, ¿te imaginas ser follada mientras te encuentras en una llamada con alguien importante? ¿Serías capaz de reprimir tus gemidos? O bien podría ser que durante una reunión de negocios en algún restaurante mi mano se adentre en tu falda, hasta hacerte perder la cordura, mira cómo me pongo de solo imaginar todos esos posibles escenarios —murmuro sobre su cuello desnudo, acariciando el bulto sobre la tela de mis pantalones.

Ella mira hacia donde le indico y un pequeño temblor sacude su cuerpo, por lo cual aprovecho y le coloco las pinzas en sus pezones.

—¿Q-qué haces?

—Dime si soportas el dolor —comento apretando un poco las pinzas.

—Así e-está bien —responde con un leve jadeo.

Después tomo otras pinzas y ante su sorpresa se las coloco en sus labios vaginales, arrancándole un pequeño gritito de dolor.

—Lo lamento —me disculpo al tiempo que aflojo un poco su agarre—, ahora viene la mejor parte.

Comienzo por desnudarme, cuando retiro mi ropa interior sonrío de lado al ver como sus ojos expresan lo que su boca se niega a decir, sé que también me desea tanto como yo a ella.

—¡Híncate! —le indico el lugar frente a mí y saco lo último que compré hace unos días, una pequeña fusta de doble cabezal.

—Solo debo darte placer —murmura un tanto decepcionada, tomando mi miembro entre sus manos y cuando está por llevarlo a su boca la detengo.

—No es tan sencillo como crees Angela. —Tomo la cadena que pende entre sus pezones y la paso por encima de mi miembro, acto seguido mi mano se aferra a la otra cadena que cuelga de su cuello y jalo de ella—. No es tan simple como creíste.

Escucho como suelta un pequeño jadeo cuando se da cuenta de que dependiendo de la presión que ejerza con las cadenas, sus pezones se pellizcan un poco más fuerte con las pinzas.

—Ahora si puedes complacerme. —Me lanza una última mirada y después con la punta de su lengua recorre mi glande, al tiempo que acaricia mis testículos con dedos temblorosos, enviando un ramalazo de placer a todo mi cuerpo.

—Esto te va a gustar —dice antes de succionar un poco la cabeza, provocándome un gruñido de placer, se retira solo suficiente para comenzar a lamer toda su longitud y cuando está lo suficientemente húmedo lo introduce en su boca, rodeándolo con ambas manos y dándome la sensación de una mayor profundidad.

Con movimientos lentos sube y baja su cabeza, está tan concentrada que cuando jalo la cadena su gemido queda ahogado por mi miembro, se retuerce un poco y después continúa con su labor.

—¿Lo estás disfrutando Astartea? —Levanta la mirada y da un leve asentimiento de cabeza, vuelvo a jalar la cadena y su boca se abre un poco más, llevando más al fondo de su garganta mi miembro gracias al gemido que no logró escapar de sus labios.

Una de sus manos baja hasta su intimidad donde comienza a acariciar su clítoris para darse placer a sí misma, levanto mi mano y con un rápido movimiento le doy un golpe en su trasero con la fusta al mismo tiempo que vuelvo a jalar la cadena, su cuerpo se estremece y su mano se cierne un poco más fuerte sobre mi miembro, lanzo un gemido alto y cuando se percata de que también estoy disfrutando tanto como ella acelera sus movimientos.

Me observa fijamente a la espera de que vuelva a azotarla como hace un rato, por lo que la obligo a bajar la mirada.

—¡No me mires! Quiero que cuando menos lo esperes sientas el golpe de la fusta. —Baja la mirada, de un momento a otro succiona con más fuerza y cuando creo que al fin lograré mi liberación detiene sus movimientos—. T-te gusta jugar Astartea, veremos quien gane en esta relación —le advierto al tiempo que jalo la cadena y azoto de nuevo su lindo trasero.

Gime alto y se retuerce un poco sobre mis pies.

—¡Por favor, hazlo de nuevo! —me suplica con un pequeño jadeo.

—Te dije que me suplicarías y no me creíste Angela—. Jalo la cadena y azoto un poco más fuerte su trasero, arrancándole un chillido de satisfacción—. ¡Introdúcelo en tu boca! Me gusta cuando tus gemidos queda ahogados por mi miembro.

—S-sí, amo —responde y sin perder tiempo hace lo que acabo de ordenarle, la observo durante algunos segundos y no me cabe en la cabeza que sea la misma mujer altanera y déspota con la que trabajo todos los días.

Jalo sus cadenas y le doy tres fuetazos uno seguido del otro, veo como su espalda se arquea, pero su boca no se detiene a pesar del dolor y placer que le estoy infligiendo, por lo que en cuestión de segundos termino derramando toda mi semilla en su húmeda cavidad.

Cuando se separa de mí, se relame los labios y esboza una pequeña sonrisa, le tiendo la mano y la ayudo a ponerse de pie.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Relatos cortos