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¡Oops! Casada con el chico equivocado romance Capítulo 369

Marco acababa de entrar a la fila rápida cuando escuchó que alguien gritaba su nombre desde atrás. La voz le sonó conocida.

Volteó… y se quedó sin palabras al ver que era Sania.

—¿Sania?

Se le iluminó la cara, sorprendido y contento.

—¿Viniste… a despedirme?

Sania se olvidó por completo de que estaba embarazada. Corrió hasta él y le soltó una cachetada con todas sus fuerzas.

—¡Marco, eres un miserable! ¿Dónde está Evaldo? ¡Dímelo! ¡Si te atreves a hacerle algo, te juro que no te la voy a perdonar!

Marco se quedó aturdido. Hasta el personal de seguridad del aeropuerto se quedó sin saber qué decir.

—¿Tú… me pegaste?

Sania lo fulminó con la mirada.

—¿Y no puedo? Hoy viniste a propósito a hacerme perder el tiempo para que se llevaran a Evaldo. Marco, jamás pensé que fueras tan bajo.

—¡Ya te dije que no me gustas! ¡Tú y yo no tenemos nada! ¿Puedes dejar de estarme molestando? ¡Aunque se acabaran todos los hombres del mundo, yo no me fijaría en ti!

—Así que dime: ¿dónde está mi esposo?

Con cada reclamo, Marco sentía como si lo hubieran subido a un golpe de ilusión… y luego lo estrellaran de regreso contra el suelo.

Respiró hondo y habló serio:

—Sania, cálmate. Yo no secuestré a Evaldo. No me rebajaría. Y tampoco haría algo así.

—¿Qué gano yo con eso? Yo tengo dignidad. Aunque me gustes, aunque quiera estar contigo… sería cuando tú ya no tengas a nadie más en el corazón. No así.

Sania, fuera de sí, no escuchaba.

—¿Entonces querías que lo mataran? ¡Marco, matar se paga!

Ramona llegó corriendo y le sostuvo a Sania el hombro, firme, como su apoyo más suave y más fuerte.

Marco se llevó la mano a la sien, desesperado.

—No estás pensando claro. Te lo repito: no sé dónde está Evaldo. No lo secuestré.

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