Todo este escándalo del verdadero y falso heredero se remontaba a muchos años atrás, cuando doña Mercedes, en medio de la inestabilidad emocional de su embarazo, castigó severamente a una empleada doméstica con la que había crecido.
La empleada, cegada por la ira, decidió vengarse intercambiando al bebé legítimo recién nacido por otro que compró de contrabando para ocupar su lugar.-
Sin embargo, poco después la mujer se arrepintió de lo que hizo, pero por miedo a las represalias, nunca se atrevió a confesar y dejó que la mentira siguiera su curso.
Esto la atormentó durante años, convirtiéndose en una carga pesada en su conciencia.
Hasta que, poco antes de fallecer a causa de una enfermedad, la mujer confesó la verdad a doña Mercedes en su lecho de muerte, desvelando que Mateo era, en realidad, un falso heredero.
La familia Silva mantuvo el asunto en absoluto secreto y mandó a buscar por debajo de la mesa al hijo perdido, quien resultó ser Luciano Guzmán, el nuevo talento de los negocios que recién empezaba a hacerse un nombre en Nueva Alborada.
Así, recuperó su legítimo lugar, tomó el nombre de Lucio Silva y, de paso, asumió todo lo que le pertenecía al falso heredero, Mateo. Incluida la alianza matrimonial.
Cuando Wilfredo se enteró del asunto al principio, su mayor temor era que los Silva les dieran la espalda y que Úrsula quedara atrapada en un matrimonio con un hombre que ya no valía nada.
Esta unión significaba una conexión directa de intereses entre los Silva y los Valdés. Casarla con un don nadie sin una gota de sangre Silva le restaba cualquier valor a la alianza para su familia.
Por fortuna, Don Gonzalo no fue tan irrazonable.
Antes de que Úrsula siquiera apareciera, Wilfredo ya había acordado con el señor Silva que, puesto que no habían firmado ningún papel en todo el mes, ese matrimonio inicial no tenía ninguna validez. Y que ahora, Úrsula se uniría al verdadero hijo de la familia.
Sonaba como una locura.
Pero en Nueva Alborada pasaban cosas mucho peores; aquí, el único idioma universal era el del poder y el dinero, los sentimientos daban igual.
Wilfredo empujó levemente la espalda de Úrsula para que avanzara.
Su mirada se deslizó lentamente hasta encontrar el rostro pálido y apagado de Mateo detrás de toda la multitud, y al observar que sus facciones no compartían ni un solo rasgo con el señor y la señora Silva, las palabras que acababa de escuchar hicieron eco en su mente.
Todo empezaba a encajar, el panorama se aclaraba de a poco.
Los pálidos dedos de Úrsula se curvaron con nerviosismo a sus costados, y sus ojos aún desconcertados terminaron por enfocarse en el joven que parecía el más peligroso de todos los presentes.
Después de un largo instante, logró articular palabra:
—Hola, soy Úrsula. Úrsula Valdés.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro