Su hermana menor, Noemí Valdés, estudiaba Ingeniería en Sistemas en la Universidad de San Ignacio, justo allí en Nueva Alborada.
Como esa noche no tenía clases, Wilfredo mandó al chofer a buscarla.
Nomi era la más pequeña de la casa. A diferencia de la madurez de Natalia y del mutismo de Úrsula, ella creció siendo la consentida de todos, y eso forjó en ella una personalidad mucho más efervescente.
Apenas empezaba a oscurecer cuando la niñera bajó por las escaleras con la hija de Natalia en brazos.
Hugo se apresuró a recibirla:
—Yo cargo a Lucía.
Nomi se acercó y le pellizcó suavemente la mejilla a su pequeña sobrina:
—Solo han pasado unos días, pero siento que ya está enorme, ¿verdad?
Hugo soltó una carcajada:
—Llevas medio mes sin poner un pie en la casa. La niña ya camina solita.
—¿Tanto tiempo? Es que acabo de terminar un concurso en la escuela y perdí por completo la noción de los días. —Nomi comenzó a hacerle muecas a la bebé—: A ver, camina para tu tía.
Natalia los miró desde la sala y bufó, aguantando la risa:
—¿Por qué miras a mi hija como si fuera un bicho raro? Apenas y da un par de pasos, ¡no es como si fuera a correr una maratón ahorita mismo!
Nomi le sacó la lengua y corrió a abrazar a su hermana del brazo:
—¡Natalia, mi equipo ganó el primer lugar!
Natalia le empujó la frente con un dedo:
—Ya te escuché, mocosa. Tu regalo está asegurado.
Nomi frotó la cabeza contra su hombro en un gesto meloso, fingiendo que lloraba a moco tendido:
—¡Estoy que me muero de la emoción!
A Natalia le encantaba que la mimaran así, pero le gustaba llevarle la contraria y empezó a gritar hacia el segundo piso:
—¡Mamá, esta niña ya empezó con sus cursilerías, ven a quitármela de encima que no la soporto!
Sonia y Wilfredo bajaron por la gran escalera circular, ambos con amplias sonrisas en el rostro:
—Bueno, ya dejen de pelear ustedes dos. Vayan a lavarse las manos que la cena ya casi está servida.
Natalia empujó un poco a Nomi:
—Ya oíste, suéltame.

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